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viernes, 1 de abril de 2011

"Mi paz os doy". Por Alejandro Bullón

La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. Juan 14:27.

Anochece. Siempre anochece. El sol puede brillar en todo su esplendor, pero eso no significa que el día será eterno. En este mundo, la noche llega más tarde o más temprano. Las sombras vienen y, con ellas, muchas veces, vienen también las inseguridades y los miedos. Es la ley de la vida: hay día, pero también hay noche.

Aquella noche, sin embargo, en la vida de Casiano, era la más terrible. Su hogar había sido destruido por una insensatez suya. El peso de la culpa lo abrumaba; golpeaba su cabeza como un martillo. Lo atormentaba, y lo crucificaba en el madero de sus errores. Cómo hubiese querido volver a ser niño, despreocupado con la vida, ajeno a los problemas de los adultos. Un niño cansado de correr por los campos verdes de su tierra, que dormía en paz cuando la noche llegaba.

¿Paz? ¡Hace mucho tiempo ignoraba lo que era paz! Pero, ¡cómo son las ironías de la vida! Acababa de regresar de una misión de paz, en un país extranjero. Él, buscando paz para los demás cuando, en lo recóndito de su ser, no sabía lo que era eso.

Hundido en su mundo de dolor y remordimiento, una noche se detuvo en un programa de televisión. Allí se hablaba del maravilloso amor de Jesucristo. No le prestó atención, al principio. Pero, a medida que el pensamiento del presentador avanzaba, despertó su interés.

El hombre de traje oscuro y voz suave, hablaba de paz. No se refería a una paz pasajera, humana. No hablaba de un acuerdo de concordia entre seres humanos; hablaba de un sentimiento de quietud y bonanza que se apodera del corazón, a pesar de las circunstancias terribles que la vida presenta.

Casiano anheló esa paz para él. Con asombro, veía describir la historia de su vida; sus encuentros y desencuentros; sus noches de amargura, sin poder dormir.

Repentinamente los ojos del presentador se fi jaron en los suyos. “¿Adónde irás”, le preguntó, “si no vienes a Jesús?” Casiano no lo pensó dos veces. Se aproximó a la televisión, y cayó arrodillado, entregando el corazón a Jesús.

Ya pasaron más de veinte años desde aquel día. Hoy, Casiano sabe, por experiencia propia, lo que Jesús quiso decir al anunciar: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”.




Fuente: "Plenitud en Cristo" / Meditaciones Matinales 2011, para Adultos

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Autor: Alejandro Bullón / Trabajó diez años en su país, Perú, como consejero de jóvenes, y luego fue invitado a continuar el desarrollo de dicho ministerio en el Brasil. Actualmente es evangelista de la Voz de la Esperanza. Ex secretario de la Asociación Ministerial y evangelista de la División Sudamericana de los Adventistas del Séptimo Día. Ha escrito varios libros, tales como "Conocer a Jesús es todo", "La crisis existencial", "Tú eres mi vida" y "Vuelve a casa hijo".

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miércoles, 22 de abril de 2009

La victoria de Cristo. Por Alejandro Bullón

Pero gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. 1 Corintios 15:57.

“Pastor”, decía la carta, “no sé durante cuánto tiempo más conseguiré vencer en la lucha que enfrento desde hace varios años. No logro encontrar una señorita que me guste, porque me siento atraído por los jóvenes. ¿Qué hago?”.

Evidentemente, por el tenor de la carta, este joven nunca había cedido a la tentación. Pero lo que lo inquietaba, al punto de causarle temor, era la pregunta: “¿Por cuánto tiempo más conseguiré vencer en la lucha?”.

Vivimos en tiempos peligrosos, en los cuales se intenta justificar el pecado a viva voz, en todas sus formas.

Sin embargo, el versículo de hoy muestra la salida para cualquier problema de tendencias que el ser humano carga desde que nace. Unos de una manera, otros de otra. Y el grito del corazón humano es: “¿Hasta cuándo tendré que luchar contra mis tendencias?”.

El apóstol Pablo, en los versículos anteriores al texto que escogimos para hoy, habla del fin de la lucha cuando finalmente “esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad” (ver el vers. 53). El apóstol está describiendo la glorificación de nuestra naturaleza: la erradicación completa y definitiva de la presencia del pecado en la experiencia humana.

Pero, mientras ese día no llega, Pablo, por experiencia propia, presenta una promesa: “Gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo”.

Nadie tiene derecho a ser derrotado por las tendencias, porque Cristo preparó un medio para alcanzar la victoria. Él venció el pecado. Enfrentó las tentaciones aferrándose al poder del Padre, y nos mostró el camino de la victoria; su victoria es nuestra victoria hoy. Su victoria cubre la multitud de nuestros pecados pasados, y en el presente desea vivir sus grandes obras de victoria por la presencia del Espíritu Santo en nuestra vida.

Gracias a Dios porque, aunque no haya llegado todavía el día de la glorificación, la victoria de Cristo no es apenas una promesa, sino una realidad en la vida de quienes procuran mantener diariamente una experiencia de amor con Cristo.

Estás delante de un nuevo día. En este día habrá tentaciones como en todos los demás, pero ya eres victorioso si con fe echas mano del poder de Jesús.


Autor: Alejandro Bullón Paucar. Nació en Perú, y estudió y se graduó de Teología en el Seminario de la Unión Peruana. Trabajó diez años en su país como consejero de jóvenes, y luego fue invitado a continuar el desarrollo de dicho ministerio en el Brasil. Actualmente es evangelista de la Voz de la Esperanza. Ex secretario de la Asociación Ministerial de la División Sudamericana de los Adventistas del Séptimo Día, y evangelista para toda América del Sur. Ha escrito varios libros, tales como "Conocer a Jesús es todo", "La crisis existencial", "Tú eres mi vida" y "Vuelve a casa hijo".

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