martes, 24 de noviembre de 2009

Más poderoso que las olas. Por Dick Rentfro

Seguir a Cristo es una aventura emocionante
“Jehová en las alturas es más poderoso que el estruendo de las muchas aguas, más que las recias olas del mar” (Sal. 93:4). [...] Pete Cabrinha, un experimentado surfista de 42 años de edad, había domado muchas olas asesinas, pero ese día mientras descendía por el gigantesco oleaje que rompía sobre el arrecife Jaws, en Maui, descubrió que no podía llegar a la base de la ola que según sus palabras “crecía frente a mí y detrás de mí, y sentía que no avanzaba”. Esa mañana mientras Cabrinha lograba velocidad en el descenso de la ola, la línea de rompiente lo acorraló desde atrás. Los que observaban desde la playa gritaron: “¡Vamos, Pete, vamos!” mientras él se apresuraba a ponerse por delante de la rompiente.

Cuando alcanzó aguas calmas, otro surfista le dijo que era la ola más grande que había visto alguna vez y al observar las fotografías del evento, descubrieron que medía 21 metros. He sabido que los surfistas tienen el objetivo de hallar y dominar una ola de 30 metros... + en ARTÍCULOS / ojo adventista, haciendo clic aquí.


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lunes, 2 de noviembre de 2009

Cuando otros te hieren. Por Robert Ramsay

Orar por el perdón parece ser mucho más fácil que perdonar a otros. Lecciones de una experiencia personal

Los platos eran muy sabrosos. La compañía, afable. La sobremesa, 
 animada. La vista a las montañas y el lago, espectacular. Me sentí feliz de haber aceptado la invitación para cenar con Gladys y Alberto* en su nueva propiedad junto al lago. Acompañé a Alberto a su oficina para ver algunas artesanías indígenas que había traído 
de Bolivia.

Pocos minutos después, mientras me dirigía a la sala, alcancé a divisar que Gladys mostraba a las demás visitas la fotografía que yo les había llevado como regalo para su nuevo hogar.

“Linda fotografía, pero el marco es de mala calidad”, alcancé a escuchar que decía Donaldo.

Me quedé helado allí en el pasillo, un tanto ruborizado y sintiéndome herido. ¿Era esa la voz de Donaldo? ¿Por qué había dicho semejante cosa? No había razón para que me rebajara con un comentario tan cáustico. Había escogido deliberadamente ese marco porque la fotografía podía ser extraída con facilidad, y les había dicho a Gladys y Alberto que cuando se cansaran de esa fotografía podrían reemplazarla por otra.

Me quedé por un momento en el pasillo, procurando calmarme, y entonces me uní al grupo. Pero estaba molesto. Acababa de regresar a la Iglesia Adventista gracias a Donaldo, ya que admiraba su entusiasmo por la vida y su amor por Dios. Él me había enseñado la importancia de cultivar una relación diaria con Jesús.

Al regresar a mi hogar esa noche me consolé con la oración que el Maestro enseñó a sus discípulos: “Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores”. En mi corazón sabía que quería perdonar a Donaldo, no solo porque es lo que haría Cristo, sino porque no sabía cuántas veces mis palabras descuidadas también habían herido a los demás. Como no quería guardarle rencor, comencé a preguntarme si estaría pasando por algún problema. Quizá había apuntado sus fieros dardos hacia mí porque se sentía impotente y frustrado hacia otra persona, y yo había sido simplemente un blanco fácil.

Es una experiencia singular ser lastimado por las personas que amamos. Son los más próximos y queridos los que más nos pueden lastimar, y esto sucede tanto en la gran familia de la iglesia como en nuestras familias terrenales. A medida que mi enojo y mi dolor recibieron la influencia del bálsamo divino, comencé a reflexionar en el Padrenuestro (Mat. 6:9-13) y en su significado para los seguidores de Cristo.

Otra mirada a esas palabras tan conocidas

“Padre nuestro …”

Me emociona saber que en el idioma original esta frase puede traducirse como “Nuestro papito”, algo que aprendí de Donaldo. Algunas veces uso esta expresión de cariño cuando oro en público. Dios quiere envolvernos con sus brazos y darse a conocer para que crezcamos espiritualmente, al igual que un padre terrenal sostiene a su hijo sobre sus rodillas y lleva la cuchara hasta su boca.

“… en los cielos, santificado sea tu nombre”.

Nuestro Padre “vive” en el cielo. Él es el centro del universo. Sostiene los planetas y supervisa cada ley natural que gobierna la vida en este pequeño punto azul y blanco que llamamos Tierra. Él está por encima y más allá de todos los padres terrenales, y sin embargo podemos entrar en comunión con él. “Vengan, pongamos las cosas en claro, dice el Señor” (Isa. 1:18, NVI).

Nuestras mentes se esfuerzan por comprender qué privilegio es estar en comunión con el Creador del universo. Y por ello, cuando ingresamos a su casa, lo hacemos con reverencia, porque esperamos ansiosamente que su voz suave y apacible hable a nuestra conciencia.

“Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”.

Jesús describe el reino de nuestro Padre cuando dice: “El que quiera hacerse grande entre vosotros, será vuestro servidor; y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos” (Mar. 10:43, 44).

Debemos preguntarnos si nos estamos preparando diariamente para vivir en ese reino. Al prepararnos para asistir a la iglesia cada sábado de mañana, nuestra actitud debiera ser: “Padre, muéstrame cómo servir a otra persona en el día de hoy”. Nuestros oídos deberían estar listos para escuchar con simpatía, nuestras lenguas preparadas para hablar con amabilidad, y nuestras manos para brindar un toque reconfortante. Si nuestra actitud es amar a otros antes que a nosotros mismos, hay buenas probabilidades que se haga la voluntad de nuestro Padre en esta tierra.

“El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”.

Cada día nos fortaleceremos con alimento espiritual de manera de compartirlo con los que veamos a lo largo del día. Al mirar el menú espiritual del día cada sábado de mañana, no daremos vuelta la cara en caso que este no parezca satisfacer nuestras necesidades inmediatas. Por el contrario, consideraremos de buena gana que el estudio de la lección y el mensaje del pastor podrían contener las vitaminas y los minerales que otra persona necesita desesperadamente.

“Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores”.

Recordaremos que los que están sentados a nuestro lado en la iglesia son santos en lucha, personas que tienen que enfrentar cosas que acaso ni imaginamos. Al igual que nuestro Padre, nos mostraremos tolerantes y los aceptaremos con amabilidad aun cuando no nos devuelvan con la misma moneda. Al igual que Jesús, diremos: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Luc. 23:34). Al tener en cuenta que no conocen los detalles de nuestra vida y nosotros no conocemos los de ellos, creeremos de corazón que ignoran el dolor que nos han causado y por ello 
los perdonaremos también de corazón.

“No nos metas en tentación, sino líbranos del mal”.

Cada día nos alimentaremos de la Palabra de nuestro Padre de manera de confiar en su fuerza para librarnos de circunstancias difíciles. Al mismo tiempo nos guardaremos de la tentación eligiendo libros, revistas, sitios web y programas televisivos verdaderos, honestos, justos, puros, amables, de buen nombre y plenos de virtud (véase Fil. 4:8). Procuraremos ser libres del mal, no solo por nuestro propio bien sino también por el de toda la iglesia.

“Porque tuyo es el Reino, el poder y la Gloria, por todos los siglos”.

La gloria del reino eterno de nuestro Padre se basa en el poder del amor. Jamás utiliza la coerción. Su reino siempre existió y siempre existirá. Y lo mejor es que podemos formar parte de él. Si cada día escogemos ser uno de los hijos de nuestro Padre, podremos vivir con él para siempre, y disfrutar de su amor y su gozo infinitos por toda la eternidad.

Cuando hayamos vivido diez mil años en ese reino de amor, las irritaciones y los desaires de este mundo, como por ejemplo ese comentario descomedido de Donaldo, se habrán esfumado para siempre. Entonces, ¿por qué inquietarnos hoy por esas cosas?

“Amén”.

¡Que así sea, Padre! Que las palabras y los pensamientos de esta oración se hagan realidad en la vida de cada miembro de tu familia.


Fuente: Adventist World
Autor: Robert Ramsay es organista y escritor independiente de Courtenay, Columbia Británica, Canadá.
* Todos los nombres de este artículo han sido cambiados.

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domingo, 18 de octubre de 2009

La historia de Halloween

La celebración del Hallowen se inició en los Estados Unidos alrededor del año 1845. Existen indicios de que antes de esa fecha los peregrinos que llegaron a ese país provenientes de Europa habían prohibido dicha celebración; pero en el año 1845, miles de inmigrantes irlandeses inundaron Nueva York a causa de una escasez de papas. Fueron ellos los que trajeron consigo una vieja fiesta religiosas de los sacerdotes galos llamados "druidas", la cual gradualmente se propagó por el resto del país.

La celebración original no era llamada por su nombre actual de Halloween; empezó mucho antes de la era cristiana entre los antiguos celtas (bretones, galos, escoceses e irlandeses). El fin del verano marcaba el inicio del Año Nuevo Céltico; éste se celebraba ofreciendo sacrificios al "Señor del Cielo y de la Tierra": Samhain o Saman. La celebración se constituía en un día festivo llamado la "Vigilia de Saman". La imagen de ese dios pagano era la de un esqueleto sosteniedo una hoz o guadaña en su mano que más tarde llegó a ser conocido como La Muerte. El 1º de noviembre era la fecha en que los celtas celebraban el Día de la Muerte. Por esa época las hojas de los árboles caían, oscurecía más temprano y las temperaturas bajaban. Ellos interpretaban estos fenómenos estacionales como un decaimiento de su dios sol, el cual pensaban ellos, estaba perdiendo fuerza porque Samhain lo estaba subyugando.

Adicionalmente ellos creían que el día anterior, el 31 de octubre, Samhain se reunía con los espíritus de todos los que habían muerto el año anterior. Estos habían estado confinados a habitar en cuerpos de animales durante todo un año como castigo por sus malas obras, y en la víspera de la fiesta, el 31 de octubre, se les permitía regresar a sus antiguos hogares a visitar a los vivos. Para proteger a éstos, el sacerdote dirigía a la gente en ceremonias de adoración diabólica en las que eran quemados como ofrenda caballos, gatos, ovejas negras, bueyes y seres humanos, para apaciguar a Samhain y evitar que los espíritus de los muertos los lastimaran.

Los Druidas o sacerdotes, eran ministros quienes asimismo realizaban sacrificios humanos como ofrendas que servían para apaciguar la ira de los dioses. "La Vigilia de Samhain" era pronunciado en la primera Bretaña So-wein. En un intento de cristianizar este día de adoración pagana, en el año 800 la Iglesia Romana movió el Día de Todos los Santos del mes de mayo al 1º de noviembre. En inglés este día se llama el "All Hallow's Day" que pronto se acostumbró llamar "All Hallowe'en", y que pronto fue abreviado a Halloween que hoy en día conocemos. Los satanistas establecieron entonces la noche anterior, el 31 de octubre, como la noche de "Todos los Demonios", para que estos penetraran la noche anterior, consagrándola mediante hechizos, maldiciones y horrores.

Origen de los disfraces

La noche del 31de Octubre los druidas fabricaban una enorme fogata de año nuevo. Quemaban animales, cosechas y seres humanos como sacrificios a su dios sol y a Samhain, su dios de la muerte. Durante esta ceremonia diabólica la gente usaba disfraces hechos de cabezas y pieles de animales. Entonces practicaban adivinación, saltaban sobre las llamas o corrían a través de ellas, bailaban y cantaban. Todo esto era hecho para ahuyentar a los malos espíritus. Los disfrazados iban de casa en casa, cantando y bailando. Sus máscaras con sangre coagulándose y sus grotescos disfraces servían para verse ellos mismos como espíritus malignos, y así engañar a los espíritus que entrarían ese día y evitar ser lastimados por ellos.

Trato o truco

Si por alguna razón alguien olvidaba disfrazarse o no podía engañar a los demonios vistiendo pieles de animales u otros disfraces, había una forma de exorcizarlos: haciendo con ellos un trato de comida y fruta y proveyendo al espíritu errante de albergue para la noche. Si el demonio quedaba satisfecho con su trato, no le harían truco arrojándole un hechizo maligno que le causara estragos. Los druidas en Irlanda recorrían los vecindarios y alrededores la noche del 31 de octubre para colectar ofrendas a Satanás. Ellos cargaban linternas, bolsas de dinero y varas de caña puntiagudas. En cada casa demandarían un específico importe. Si el dueño de la casa no daba la ofrenda, el druida castraría al humano con la vara o a uno de sus preciados animales. Años después, los granjeros irlandeses, emulando la costumbre druida de antaño, iban casa por casa rogando por comida para sus antiguos dioses. Buena suerte era prometida a todo aquel que donaba, pero amenazas eran hechas contra aquellos que no daban.

El Halloween hoy en día

No es difícil reconocer las similitudes entre las antiguas celebraciones de los celtas y sus sacerdotes paganos, con las costumbres aparentemente ingenuas de la celebración del día de Halloween de nuestros días. Los disfraces, aunque hoy son más variados y no solamente se utilizan cabezas de animales, son un fiel reflejo de la antigua costumbre. Asimismo lo son las visitas de casa en casa pidiendo dulces y la frase que utilizan de "truco o trato" con la amenaza de hacer travesuras a aquellos que se atreven a no dar lo que se les pide. Estas celebraciones parecieran ser inofensivas y hasta simpáticas.

El comercio y la sociedad las han aceptado y son ampliamente publicitadas. Hay todo un movimiento social que organiza celebraciones en casas, fiestas en clubes, los establecimientos comerciales adornan con motivos alusivos a prácticas ocultas, y aún los sectores más radicales de la cristiandad guardan silencio ante una práctica que ya no solo es exclusiva de la sociedad norte-americana, sino que ha llegado a Latinoamérica como un producto de importación más de la sofisticada sociedad de consumo norteamericana. ¿Qué daño podría haber en Halloween? Mas sin embargo puede ser un día dañino y peligroso.

El daño del Halloween

Sin pecar de fanatismo, es necesario que revisemos los significados y las consecuencias que trae para nosotros, nuestras familias y la sociedad, la celebración del Halloween. Son varios los aspectos que debemos estudiar pero al menos aquí trataremos tres de ellos.

1. Halloween enfatiza la violencia y la muerte

El 6 de Enero de 1988 en California, la conocida periodista Ann Landers escribió una columna titulada "Los padres deben atacar la violencia". En ella se relataba un episodio en el que una maestra de cuarto grado les pidió a sus estudiantes escribir un breve ensayo de lo que más les gustaría hacer en Halloween. El 80 % de sus estudiantes de 9 años de edad expresaron que desearían "matar a alguien". Estas ideas los niños las han sacado de la TV y Halloween está desensibilizando a nuestros niños con la glorificación de la violencia, muerte, mutilación y sangre. Considere por un momento las películas "Pesadilla en la calle del Infierno", "Halloween" y "Viernes 13". Éstas son muy populares para ser vistas en la fiesta de Halloween. En estas películas se expone el sadismo, la violencia sexual, satanismo, tortura, mutilación y los más extraños asesinatos que lleva inconscientemente a nuestros niños a copiar esos comportamientos.

2. Halloween enfatiza el horror y el miedo

Para un niño una visita a una "casa embrujada" creada para Halloween podría ser una pesadilla. El sicólogo Marvin Berkowitz, de la Universidad de Marquette dijo: "Algunas casas embrujadas pueden incluso espantar a un adulto; los niños deberían entrar a ellas con un correcto estado mental" y recomienda que los padres "deben hacerle saber al niño que puede ser traumatizado con una experiencia como ésta". Un trágico producto del miedo, en la vida de los niños a temprana edad y en la adolescencia, es el interés e involucramiento en los fenómenos sobrenaturales de lo oculto.

3. Halloween enfatiza lo oculto

Halloween es dañino porque atrae las personas a lo oculto. Muchos niños son introducidos a prácticas ocultistas en las fiestas del Halloween, y atraídos a lo oculto por el poder que les ofrece. Otros lo ven como el mayor significado de la rebelión contra los padres. Personas que nunca se involucrarían en prácticas ocultistas en otro tiempo, lo experimentarán en fiestas de Halloween con sesiones, tablas de Ouija, levitación y otros rituales. Hace algunos años se detectaron instrumentos corto punzantes en las golosinas. Estadísticas reportan un incremento en las desapariciones de niños durante las fechas próximas a la celebración del Halloween (los satanistas realizan sacrificios humanos en esa celebración).

Halloween es un día siniestro con raíces ocultistas. Es un día que honra a dioses falsos, demonios y a Satanás. A los cristianos que creemos en la Biblia como la palabra revelada de Dios a nuestras vidas, se nos instruye con las siguientes palabras: "...y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas". Efesios 5.11

Perspectivas cristianas al Halloween

Desde una perspectiva cristiana, la celebración del Halloween no honra a Cristo. Sin embargo en nuestros días es más celebrado que nunca. Muchos adultos Ven esa noche como la única del año en que ellos pueden disfrazarse y actuar tontamente. Pero mientras niños y adultos imitan inocentemente las costumbres celtas, aún mayores prácticas persisten. Las brujas y los satanistas aún consideran Halloween como una de las épocas más fuertes del año para lanzar un hechizo. En Halloween la mayoría de los que practican la brujería participan de un ritual llamado "bajando la luna". En este ritual, según ellos, la bruja principal de la convención se convierte en un canal para la diosa luna. Las brujas y los satanistas son, por supuesto, una pequeña minoría. Pocas personas que celebran Halloween hoy en día alguna vez piensan en la oscuridad que sobrecoge a la mayoría de las prácticas del Halloween.

Una alegre niña disfrazada con un sombrero negro de punta y su respectiva vestimenta, difícilmente piensas en la muerte o en los espíritus de los difuntos. Ella piensa en dulces y diversión. Ella está entusiasmada con su disfraz especial. Y espera con ansias el peregrinaje casa por casa.

Los comerciantes también se anticipan al 31 de octubre, la venta de dulces,disfraces, decoraciones y golosinas para fiestas hacen al Halloween una de las temporadas con mayores ventas en el año.

El apóstol San Pablo escribió: "Todo me es lícito". El se refería en esa ocasión a la libertad que tenemos de comer, inclusive lo sacrificado a los ídolos, ya que después de todo, los poderes sobrenaturales que se pretenden desatar en la celebración no tienen potestad sobre aquellos que pertenecen a Cristo. Pero a continuación de esa frase Pablo añade otra: "todo me es lícito mas no todo me conviene". (1 Cor. 8.9). Por tanto es a la luz de esto que los cristianos necesitan examinar cómo celebran el Halloween.

Lo que puede no lastimarle a usted, puede lastimar a otros

Pablo dijo que no dañaría a un cristiano comer carne sacrificada a los ídolos. Después de todo los dioses paganos a los que se les había sacrificado no eran dioses reales. En la misma luz, él probablemente diría que a los cristianos no se les prohíbe disfrazarse, o ir de trato o truco o asistir a fiestas de Halloween.

Después de todo, "sabemos que un ídolo nada es en el mundo, y que no hay más que un Dios" (1 Corintios 8.9). Pero nos amonestó a que nuestra libertad "no venga a ser tropezadero para los débiles". Durante el Halloween los niños en particular son los débiles. Podríamos estar abriendo a nuestros hijos a las influencias del ocultismo. Además los cristianos nos encontramos eternamente en las manos del Señor, pero eso no es verdad en la mayoría de las personas a nuestro alrededor. Nosotros que hemos encontrado la vida en Jesús, deberíamos tener cuidado que nuestra libertad no impida a otros encontrar la misma vida eterna.

Lo que dice la Palabra de Dios

La Biblia nos alienta siempre a tener "puestos los ojos en Jesús". En esa noche del año, la mayoría de los ojos no están puestos en Jesús sino en una imagen siniestra. La profesión de fe del cristiano lo lleva a la vida eterna, a un gozo que no tiene sombras. ¿Deberíamos realmente enfocarnos en el diablo, brujas y otros seres malignos, aún por una sola noche?

La Palabra también dice: "No seas hallado en ti quien... practique adivinación, ni agorero, ni sortilegio, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos" (Deut.18.9-11) y también: "y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas". Si nuestros hijos se visten de brujas y hechiceros, si colgamos adornos de fantasmas en nuestras ventanas, ¿qué hacemos, sino imitar lo maligno? Necesitamos aclarar como cristianos que las brujas y los malos espíritus no son divertidos ni inofensivos, sino representaciones de una realidad: que el reino de las tinieblas trata de atraerte hacia él, alejándote de la verdadera fuente de vida que es Jesucristo.

Alternativas cristianas

La celebración del Halloween es dañina y no glorifica a Dios. Debemos compartir esta convicción con nuestras familias. Hemos de remplazar la celebración del Halloween con algo que no esté asociado a ella en manera alguna. Como cristianos sería mejor que tuviéramos una noche familiar y hacer algo especial juntos. Podemos usar un principio que llamaremos del remplazo. La Palabra de Dios nos instruye en Romanos 12.21: "No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal".

Debemos renovar lo malo. Explique a sus hijos porque ya no está celebrando el Halloween, pero remplácelo con algo que glorifique a Dios. Sea creativo, haga una fiesta de cosecha que enfoque a Cristo y la provisión que tiene para usted. Haga una fiesta de video cristiana. Haga una reunión de Gloria, donde se canten canciones cristianas y se predique la palabra. Forme un grupo y vaya de puerta en puerta (no disfrazados) y comparta pasajes del evangelio y luego reúnanse en grupo después para compartir sus experiencias.

Mi desafío más grande es éste: Considere en oración lo que Cristo quiere que usted haga. Que su deseo seas el de Santiago. "Someteos pues a Dios: resistid al diablo y huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y El ser acercará a vosotros". (Sant. 4.7-8).

Como cristianos, tenemos bastantes razones para celebrar. Mientras el mundo a nuestro alrededor se enfoca en actividades que honran al miedo y a la muerte, nosotros podemos celebrar a Aquel que da la vida.

Haga una fiesta de celebración a Dios, con niños y adultos también, vestidos como personajes de la Biblia y/o figuras de la historia Cristiana. O simplemente haga una fiesta pero no use ninguno de los símbolos usuales del Halloween en la decoración ni en las actividades.

La mayoría de las librerías cristianas tienen pequeños volantes acerca del Señor. Esto podría unirse a los dulces y dejarlos en cada bolsa que nos presenten. Durante la noche en que las convenciones de satanistas y brujas se reúnen para lanzar sus hechizos y llevar a cabo sus grotescos rituales, parece apropiado para los creyentes reunirse para alabar al único y verdadero Dios.

Alabe a Dios por su victoria sobre la muerte, Satanás, el infierno y sobre todo mal. Ore por todas las personas que no saben que Jesucristo quiere darles paz con Dios y vida eterna. Ore porque Jesús se revele en sus mentes y espíritus. En San Salvador varias Iglesias Cristianas se están uniendo para celebrar juntas el 31 de octubre de cada año, una noche de guerra espiritual y desenmascarar la mentira del Halloween. Junto a la alabanza al Señor, presentarán teatro cristiano con una coreografía impresionante, música inspirada y la verdad de Cristo. Únase a ellos y sea parte de esta guerra contra las tinieblas.

Haga lo que estime conveniente como cristiano pero lo que sea que haga en el día de Halloween, planifíquelo de acuerdo a esta guía bíblica "Hacedlo todo para la Gloria de Dios"
(1 Corintios 10.31)

Recomendamos leer: HALLOWEEN, fiesta satánica. Por Menesez Filipov.


Fuente: PCJovenes.com / Potomac Conference

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domingo, 11 de octubre de 2009

Crisis y oportunidad. Por Ricardo Bentancur

Los griegos tenían tres palabras para referirse al tiempo: aión, cronos y kairós. Originalmente, aión significaba la duración de la vida; y posteriormente llegó a designar la eternidad. Cronos designaba la sucesión de los acontecimientos, el transcurrir temporal, la duración. En cambio, kairós era el tiempo como oportunidad, el buen momento que hay que aprovechar.

Los griegos usaban otra palabra para designar los cambios propios de la vida, en cualquier ámbito: personal, social o cósmico. Me refiero a la palabra crisis, ciertamente una palabra tristemente popular en nuestros días. Es que el término evoca un momento de incertidumbre. Porque como bien dice el Diccionario de la Real Academia Española, “una crisis es la mutación constante de una enfermedad, ya sea para mejorar o agravar el estado del paciente”. Aplicado al ámbito que se nos ocurra, sabemos que después de una crisis nada será igual.

Pues bien, hay una relación interesante entre las palabras kairós y crisis. La palabra kairós también tenía una aplicación especial en el contexto de la medicina de Hipócrates. Significaba el momento decisivo de la enfermedad, en el que se esperaba que el paciente hiciera una crisis para bien o para mal. En otras palabras, tanto el término kairós como crisis confluyen en su sentido más profundo, como dos ríos que marchan subterráneamente hacia el mismo mar. Y en la Biblia, ambas palabras denotan lo mismo: oportunidad. Esto es lo maravilloso de la Sagrada Escritura: Más allá del tiempo (cronos, duración) renace siempre un sentido de esperanza. Porque para Dios no hay crisis ni incertidumbre.

El Nuevo Testamento utiliza 86 veces la palabra kairós, mucho más que el término cronos (54). El Evangelio anuncia las “buenas nuevas” de la salvación, afirmando: “El tiempo [kairós] se ha cumplido” (S. Marcos 1:15). Existe un “tiempo aceptable” (2 Corintios 6:2) o el “buen tiempo” [eukairós] del “día oportuno” (S. Marcos 6:21), cuando se puede obtener “misericordia y hallar gracia para una ayuda oportuna” (Hebreos 4:16, BJ). Por eso es importante “conocer el tiempo” (Romanos 13:11) y “levantarse del sueño”, a fin de responder adecuadamente cuando escuchemos la “voz de Dios” (Hebreos 3:7) que nos invita a la esperanza.

Hoy vivimos en el mundo un tiempo de crisis grave, pero también de kairós, de oportunidad. Los textos más significativos de la Biblia se escribieron en tiempos de crisis. ­Gracias a Dios! Su Palabra de esperanza nos lleva a mirar los acontecimientos personales, sociales, humanos y cósmicos desde una perspectiva alentadora.

La sabiduría bíblica consiste en la capacidad de percibir el tiempo adecuado (ver Eclesiastés 3:1-8), cuando la espiga está madura y hay que cosechar las gavillas. La persona sabia tiene el coraje de proceder a fin de obtener todo el provecho posible del momento favorable.

A esto aspiraba de algún modo el autor anónimo de este texto, cuando escribió: “Así después de esperar tanto, un día como cualquier otro decidí triunfar. . . Decidí no esperar las oportunidades sino yo mismo buscarlas, decidí ver cada problema como la oportunidad de encontrar una solución. Descubrí que mi único rival no eran más que mis propias debilidades, y que en éstas, está la única y mejor forma de superarnos. Aquel día descubrí que no era yo el mejor y que quizás nunca lo fui. Me dejó de importar quién ganara o perdiera, ahora me importa simplemente saberme mejor que ayer . . . Anoche decidí cambiar tantas cosas. . . aprendí que los sueños son solamente para hacerse realidad, desde anoche ya no duermo para descansar. . . ahora simplemente duermo para soñar”.

Este momento de crisis es su mejor oportunidad para ponerse en las manos de Dios, a fin de que lo ayude a cambiar y a conservar la esperanza en su vida.


Fuente: El Centinela
Autor: Dr. Ricardo Bentancur, escritor, filosofo y teólogo uruguayo, actualmente editor asociado de EL CENTINELA. Doctor en Filosofía por la Universidad Nacional de Córdoba; licenciado en Filosofía por la Universidad Nacional de Buenos Aires; licenciado en Teología por la Universidad Adventista del Plata y la Pontificia Universidad Católica de Buenos Aires. Ex redactor de la Asociación Casa Editora Sudamericana, Bs. As., Argentina y actual redactor de Pacific Press Publishing Association, en Idaho, Estados Unidos. Autor de dos libros y de numerosos artículos sobre teología, filosofía de la religión y fenomenología, publicados en revistas de difusión y especializadas de Europa y de las tres Américas.

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jueves, 24 de setiembre de 2009

¿Cuál es la manera apropiada de adorar a Dios? Por Lilianne Doukhan

De una u otra forma, todos adoramos. Aun los incrédulos adoran, ya sea el dinero, a ídolos del deporte o la música. Fuimos creados para adorar. El hecho de que Dios haya creado a Adán y Eva en el sexto día, justamente antes del sábado, tiene un profundo significado teológico y sociológico. La intención del Creador era que en la vida humana la adoración tuviera la prioridad por sobre cualquier otra actividad. Es esta prioridad la que demanda que los seguidores de Dios no sólo adoren, sino que lo hagan correctamente. El acto y la manera de adorar no pueden darse por sentado.

¿Cuál es la manera apropiada de adoración? ¿Existe sólo una forma o un estilo correcto? ¿Han cambiado las formas de adorar con el tiempo? ¿Quién decide cuál es la manera correcta? Una vez que dejamos las opiniones y preferencias personales de lado, para hallar la respuesta debemos acudir a la Palabra de Dios.

El significado de la adoración

Las Escrituras nos presentan varios modelos de adoración. Uno de los más claros se encuentra en Isaías 6:1-8, donde el profeta relata la visión de una escena de adoración celestial. Este pasaje nos presenta un programa, inclusive una orden de adoración.

El capítulo comienza con la visión de Dios en su trono celestial y en su entorno reinan la belleza, el poder, la majestad y la reverencia. Aquí se nos enseña el por qué de nuestra adoración: es la respuesta a la presencia divina y a su llamado a adorar.

Los salmos --los textos de alabanza y adoración tradicionales de Israel-- nos muestran el cómo de la adoración: con gozo y reverencia. Esta idea se repite una y otra vez con frases tales como "Venid, aclamemos alegremente a Jehová.... Venid, adoremos y postrémonos" (Salmo 95:1, 6).

No es fácil encontrar el equilibrio entre el gozo y la reverencia en la adoración. En los servicios de culto a Dios, a menudo enfatizamos uno en desmedro del otro. Se nos hace difícil hallar la forma de combinar los dos. Nos cuesta ser reverentes y al mismo tiempo alegres. Pero eso es lo que Dios nos pide cuando le adoramos.

La Biblia también presenta la adoración como una actividad integral. Los adoradores deben acercarse a Dios con su ser entero. La adoración bíblica requiere del espíritu, la mente y los sentidos. Según Isaías 6, la adoración incluye la vista, el oído, el olfato y el tacto.

La adoración también es un acto corporativo: venimos a Dios como un grupo de creyentes. Esto implica una dimensión vertical y otra horizontal. En la adoración, a menudo interactuamos con las personas de manera limitada; sin embargo, la verdadera adoración debe acercarnos no sólo a Dios sino también a los otros creyentes. Debido a que nuestras iglesias son cada vez más multiculturales y multigeneracionales, esto representa un desafío, pues cada grupo desea expresar la adoración a su manera.

Asimismo, cuando nos reunimos a adorar, necesitamos saber a quién estamos rindiendo culto. La adoración no es para nosotros mismos. La adoración es para Dios y a Dios. Es una actividad centrada en la divinidad, totalmente enfocada en él (ver Salmo 9:1, 2). No venimos principalmente a adorar para recibir bendiciones, para aprender algo, o para estar en comunión fraterna: el propósito principal de la adoración es venir a Dios, darle gloria y hablar de sus proezas.

La adoración es, por lo tanto, una experiencia en comunidad: Dios inicia un llamado a la adoración y los adoradores le responden.

Para que haya adoración, la actividad debe ser significativa para ambas partes. Esa adoración es agradable a Dios. El Salmo 19 lo expresa con claridad: "Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti" (vers.14). Sin embargo, en nuestra adoración, ¡cuán a menudo nos esforzamos por agradar a la congregación!

Nuestros motivos determinan la manera en que planeamos y organizamos el culto de adoración. Cuando pensamos en formas de adorar, nuestra primera preocupación debe ser: "¿Será agradable a Dios?" Cuando queremos agradar a alguien, tratamos de saber cómo es la persona: "¿Qué carácter tiene? ¿Qué le gusta hacer? ¿Cómo nos trata?" Debemos hacer las mismas preguntas para saber qué cosas agradan a Dios. Las respuestas a estas preguntas nos guiarán respecto de lo que es apropiado o inapropiado en el culto de adoración.

Pero la adoración también debe ser significativa para el adorador. Es importante saber si la adoración es relevante para la congregación; es decir, si la congregación encuentra sentido en la adoración. Esto nos recuerda la importancia de los símbolos. El significado en la adoración está dado por símbolos, tales como la Santa Cena, el bautismo, la lectura de la Biblia, la oración, la música, la arquitectura, etc. Todos son "signos" que ayudan a dar significado a la adoración y deberían contribuir a que la misma sea relevante.

Ésta es una tarea difícil. Y lo es aún combinar los dos, es decir, lo apropiado con lo relevante. ¿Cómo puede nuestra adoración ser agradable a Dios, y al mismo tiempo ser significativa para la congregación? ¿Cómo combinar el elemento divino (el llamado) con el elemento humano (la respuesta) cuando adoramos?

Las formas de adorar

El servicio de adoración pertenece a toda la congregación, no sólo al pastor. Necesitamos educar a nuestras congregaciones acerca de esto, y a nuestros pastores, dirigentes del servicio de adoración y de la música. A menudo, estos últimos anhelan brindarse a la congregación con sus talentos y buenas intenciones. Los músicos, que tienen preparación específica, necesitan recordar que la adoración es algo muy especial. No consiste sólo en "hacer música". En la adoración no sólo se "interactúa" con la congregación; no sólo se "lee un texto", sino que todo esto se hace en la presencia de Dios, y para Dios.

La adoración verdadera, en su esencia y en sus formas, comienza con la reflexión, la enseñanza y el aprendizaje por parte de los participantes. Este proceso abarca la educación, el entrenamiento y preparación de mentores, dirigentes y de la congregación misma.

La adoración nos lleva a preguntarnos: ¿Prefiere Dios algún estilo o manera particular de adorar? ¿Existe algún modo mejor que otros en la manera de adorar? ¿Hay una sola forma apropiada que debe seguirse en todo el mundo? La Biblia deja en claro que no es la forma o el estilo en sí mismos lo importante para Dios. Lo que Dios busca es la condición y la actitud del adorador. La mayor expectativa es, a los ojos de Dios, «el espíritu quebrantado»; el «corazón contrito y humillado» (Salmo 51:17). A Dios no le agradan nuestros sacrificios, nuestro culto de adoración, cuando olvidamos "hacer justicia, y amar misericordia, y humillarnos ante [él]" (Miqueas 6:8).

Por lo tanto, sólo la genuina transformación del corazón garantizará una manera genuina de adoración. Cualquiera sea la forma, si no venimos con un corazón transformado, la adoración no tendrá sentido. En una entidad mundial y multicultural como lo es la Iglesia Adventista, los mismos principios deben guiar nuestra comprensión de qué es la adoración. Extraídos de la Palabra de Dios, son inmutables y eternos, independientes del tiempo y el espacio. La diferencia está en las expresiones de adoración, en el cómo adorar. Necesitamos determinar qué actitudes, en nuestra cultura, expresan mejor la reverencia. La pregunta que debemos hacernos es: "¿Será que este modo particular de expresión dentro de mi cultura será reconocido como una expresión de reverencia hacia Dios?"

Lo mismo sucede con el gozo. Existen diversas maneras de expresar gozo. Algunos saltan y gritan, otros lo expresan con tranquilidad. Más allá de una cultura particular, necesitamos descubrir la mejor manera de expresar el gozo que proviene de la adoración bíblica. ¿Qué clase de gozo debemos experimentar en el acto de adoración? ¿Hay diferencia entre el gozo que nos embarga en la adoración y el que sentimos en un encuentro deportivo o musical? El gozo de la adoración no es común, sino sumamente especial. En cierto sentido, es similar al gozo humano, pero también es diferente. El relato de Nehemías de la dedicación del muro de Jerusalén luego del exilio de Israel dice que "se regocijaron, porque Dios los había recreado con grande contentamiento" (Nehemías 12:43). Vale decir que el gozo experimentado en la adoración proviene de Dios y es el resultado de un encuentro con él, por lo que ha hecho por nosotros. Esta búsqueda del gozo divino es de suma importancia, ya que dará forma a nuestras expresiones de adoración: el comportamiento, la música, y la forma de hacer música.

La forma y el contenido van de la mano, tanto en la adoración como en todo arte. En ambos sucede que si el mensaje transmitido por la forma no concuerda con el contenido, terminaremos con expresiones artísticas o de adoración falsos. Esta idea de la expresión cultural puede ser ilustrada mediante la figura de las cañerías de agua. Aunque las cañerías sean de diversos materiales (metal, plástico, cemento), todas pueden transportar agua. De la misma manera, diferentes expresiones culturales pueden transmitir una verdad particular. Sin embargo, hay algo importante: debemos asegurarnos de que para cuando el agua nos llegue y la bebamos, sea pura y potable. Si la composición química del agua cambia, puede transformarse en veneno. Hay cañerías que pueden cambiar la naturaleza del agua. Si utilizo un caño de plomo, el agua tendrá suficiente plomo como para afectar negativamente la salud. Algo tan esencial para la vida como el agua puede ser causa de enfermedad. Si nuestra adoración de alguna manera adultera el mensaje que queremos transmitir, no representa una forma apropiada de adoración y necesitamos cambiarla. Por otro lado, si con verdad transmite el mensaje de adoración, es una adoración apropiada aunque se aleje de las formas tradicionales.

Una de las dificultades relacionadas con la adoración es que conlleva una tensión, como hemos notado, entre la dimensión divina y la humana; entre las expresiones de gozo y las de reverencia; entre lo que es apropiado y lo relevante. Es una tensión positiva ya que nos desafía constantemente a reflexionar. Esta tensión requiere que no escatimemos esfuerzos para hallar un equilibrio entre los dos factores. Esto no puede ser hecho por una persona sola; toda la congregación tiene que asegurarse de que la adoración sea agradable a Dios.

A la luz de esta tensión, cualquier discusión acerca de las formas toma una dirección nueva. El tema ya no es elegir entre estilos (que significa que algunos estilos son mejores que otros), sino elegir dentro de un estilo determinado. La adoración apropiada puede darse con múltiples estilos, y dentro de cada estilo debemos elegir aquellos elementos que transmitan con propiedad los verdaderos valores de la adoración.

Las preguntas que debemos hacernos no son: ¿Está bien aplaudir en el culto de adoración? ¿Es aceptable este estilo de música? ¿Podemos presentar dramatizaciones como parte del culto? ¿Deberíamos arrodillarnos o ponernos de pie para orar? Las formas no son ni el objetivo ni el propósito de la adoración. Son los resultados y las consecuencias de nuestra reflexión en la adoración. Aquí pueden surgir nuevos interrogantes orientadores:

- ¿Cómo podemos crear una atmósfera de santidad en la adoración? - ¿Cómo podemos hacer para que en la adoración, el adorador sea elevado hacia Dios y no hacia la música o la predicación? - ¿Cómo podemos expresar gozo y reverencia y mantener un equilibrio entre los dos? - ¿Qué expresiones de adoración pueden ayudar a la congregación a llegar a ser mejores practicantes de su fe, es decir, a hacer misericordia y justicia, que son las señales de la adoración verdadera? - ¿Cómo podemos hacer para que la adoración comunique el mensaje de Dios al mundo?

Necesitamos reaprender a adorar. El secreto para lograrlo es reaprender cómo conectarnos con Dios de manera personal. La adoración corporativa comienza a nivel personal. A medida que conocemos mejor a Dios y nos acercamos a él, a medida que aprendemos como relacionarnos con él y con nuestros semejantes, descubriremos cómo hacer para que nuestros servicios de adoración sean más significativos.


Fuente: Dialogo Universitario
Autor: Lilianne Doukhan es profesor asociado de Música en la Andrews University donde imparte clases de Musicología y Música Religiosa. Tiene un doctorado en Musicología de la Michigan State University. Realiza talleres y conferencias en todo el mundo sobre adoración, culto y la música de la iglesia.

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lunes, 7 de setiembre de 2009

Isaac Newton: hombre de ciencia, teólogo, creacionista y adventista. Por Ruy Carlos de Camargo Vieira

Era una persona insólita: distraído y generoso, sensible a la crítica y modesto. Afrontó varias crisis psicológicas y tenía dificultad en mantener buenas relaciones sociales. Sin embargo, fue uno de los extraordinarios gigantes de la historia: un físico brillante, un astrónomo y matemático eminente, y un filósofo natural.

Cuando Isaac Newton, este genio y caballero inglés murió en 1727 a la edad de 85 años, dejó una marca indeleble en cada actividad en la que participó. Conocemos sus leyes del movimiento y la teoría de la gravitación universal. Y lo conocemos a él por su contribución a la comprensión del universo. Pero raramente oímos hablar acerca de sus contribuciones a la teología cristiana. Después de un estudio minucioso de sus escritos, he llegado a la conclusión de que Newton no sólo fue un gran hombre de ciencia, sino también un gran teólogo, un verdadero creacionista y adventista.1

Mi recorrido hacia la comprensión de Newton como teólogo comenzó hace unos 45 años cuando yo mismo llegué a ser adventista, después de asistir a una serie evangelizadora sobre las fascinantes profecías bíblicas de Daniel y el Apocalipsis. En ese entonces yo estudiaba la carrera de Ingeniería en la Escuela Politécnica de la Universidad de San Pablo, Brasil.

El ambiente universitario de ningún modo favorecía al desarrollo de mi fe. Me sentía bombardeado de todas direcciones. El materialismo, las preocupaciones humanistas y una concepción científica del mundo convergían para cuestionar mi fe recién descubierta. Yo necesitaba algo para defender lo que creía que era verdadero y quería que mi defensa fuera sólida y lógica.

En mi búsqueda de publicaciones apropiadas, encontré una versión portuguesa del libro Observations Upon the Prophecies of Daniel and the Apocalypse, no en la biblioteca de la Universidad ni en una librería, sino en una venta callejera de libros. Me llevé una agradable sorpresa al encontrar que el mismo Isaac Newton a quien, como estudiante de ingeniería había encontrado en los estudios sobre óptica, mecánica, cálculo diferencial e integral y gravedad, ¡había dedicado bastante tiempo y esfuerzo a la cronología bíblica y a la interpretación de las profecías! En realidad, la Enciclopaedia Britannica incluye su Enmienda de la cronología de los reyes antiguos y Observaciones sobre las profecías de Daniel y el Apocalipsis de S. Juan entre las cinco obras más importantes de Newton; las otras son Philosophia Naturalis Principia Matematica, Opticks, y Arithmetica Universalis.

Mi descubrimiento y estudio de un Newton erudito y cristiano me condujo a entenderlo como creacionista, adventista e intérprete de las profecías.
Newton, el creacionista

Robert Boyle, un pionero en los experimentos con gases y sólido promotor del cristianismo, que había abogado por el estudio científico de la naturaleza como un deber religioso, había muerto en 1691. Su testamento disponía que se realizara una serie anual de conferencias con la intención de defender el cristianismo contra la incredulidad. Richard Bentley, clérigo y distinguido erudito de los clásicos, pronunció la primera serie de conferencias en 1692.

En preparación para sus conferencias, Bentley pidió la ayuda de Newton, quien ya era famoso por sus Principia (1687). Bentley esperaba demostrar que, de acuerdo con las leyes físicas que gobiernan el mundo natural, debiera haber sido imposible que los cuerpos celestes aparecieran sin la intervención de un agente divino.

De allí en adelante, Bentley y Newton intercambiaron una correspondencia “casi teológica”. En su primera carta a Bentley, Newton declaró: “Cuando escribí mi tratado sobre nuestro sistema, tuve mis ojos fijos en los principios que pudieron actuar considerando la creencia de la humanidad en una divinidad, y nada me resulta más gratificador que ver que resultó ser útil para este objetivo”.2

Más tarde Newton escribió: “Los momentos que los planetas tienen hoy no pudieron originarse de causas naturales aisladas, sino que les fueron impuestos por un agente inteligente”.3

Otros escritos afirman la firme creencia de Newton en un Creador, a quien él se refiere a menudo como el “Pantokrator”, el Todopoderoso “que tiene autoridad sobre todas las cosas existentes, sobre la forma del mundo natural y el curso de la historia humana”.
Newton fue muy claro en afirmar sus convicciones: “Debemos creer que hay sólo un Dios o monarca supremo a quien debemos temer, guardar sus leyes y darle honor y gloria. Debemos creer que él es el padre de quien provienen todas las cosas, y que ama a su pueblo como su padre. Debemos creer que él es el ‘Pantokrator’, Señor de todo, con poder y dominio irresistibles e ilimitados, del cual no tenemos esperanza de escapar si nos rebelamos y seguimos a otros dioses, o si transgredimos las leyes de su soberanía, y de quien podemos esperar grandes recompensas si hacemos su voluntad. Debemos creer que él es el Dios de los judíos, quien creó los cielos y la tierra y todo lo que en ellos existe, como lo expresan los Diez Mandamientos, de modo que podamos agradecerle por nuestra existencia y por todas las bendiciones de esta vida, y evitar el uso de su nombre en vano o adorar imágenes u otros dioses”.4

Newton, el adventista

A Newton también le preocupaba la restauración de la Iglesia Cristiana a su pureza apostólica. Su estudio de las profecías lo llevó a concluir que, en última instancia, la iglesia triunfará a pesar de sus fallas actuales. William Whiston, quien sucedió a Newton como profesor de Matemáticas en Cambridge y escribió The Accomplishment of Scripture Prophecies, declaró después de la muerte de Newton que “él y Samuel Clarke habían dejado de luchar por la restauración de la iglesia hacia las normas de los tiempos apostólicos primitivos porque la interpretación de Newton de las profecías los había llevado a esperar una larga era de corrupción antes de que pudiera ser efectiva”.5

Newton creía en un remanente fiel que sería testigo del fin de los tiempos. Uno de sus biógrafos escribió: “En la iglesia verdadera, a la cual señalan las profecías, Newton no quería incluir a todos los que se llaman cristianos, sino a un remanente, unas pocas personas dispersas, elegidas por Dios, personas que no son movidas por ningún interés, instrucción o poder de autoridades humanas, que son capaces de dedicarse sincera y diligentemente a la búsqueda de la verdad”. “Newton estaba lejos de identificar lo que lo rodeaba como el cristianismo apostólico verdadero. Su cronología interna había puesto el día de la trompeta final dos siglos más adelante”.6

En Daniel 2 Newton veía el desarrollo de la historia de la humanidad hasta el fin del tiempo, cuando Cristo establecería su reino. Escribió: “Y una piedra cortada no con mano, que cayó sobre los pies de la imagen, y rompió los cuatro metales en pedazos, y llegó a ser un gran monte, y llenó toda la tierra; representa que se levantará un nuevo reino, después de los cuatro, y conquistará a todas aquellas naciones, y crecerá hasta ser muy grande, y durará hasta el fin de todos los tiempos”.7

Al considerar las demás visiones de Daniel, Newton aclara que después del cuarto reino sobre la tierra vendría la segunda venida de Cristo y el establecimiento de su reino eterno: “La profecía del Hijo del hombre que viene en las nubes de los cielos se relaciona con la segunda venida de Cristo”.8

Newton, el intérprete de las profecías

Newton no estaba satisfecho con la interpretación de las profecías de su época. Sostenía que los intérpretes no “tenían métodos previos... Distorsionaban parte de las profecías, sacándolas de su orden natural según sus propias conveniencias”.9

En armonía con su enfoque de los problemas científicos, Newton estableció normas para la interpretación profética, con una codificación del lenguaje profético que tenía como intención eliminar la posibilidad de distorsiones “a la conveniencia de uno”, y adoptó el criterio de permitir que la Escritura revele y explique la Escritura.

De este modo, la interpretación de Newton difería de la interpretación de la mayoría de sus contemporáneos. El no estaba interesado en el uso de la profecía para explicar la historia política de Inglaterra, como lo hacían otros, sino más bien se centraba en el estudio del comienzo de la gran apostasía que ocurrió en la iglesia y en la restauración final de la iglesia a su pureza original.

Este interés en la restauración de la iglesia a su pureza apostólica llevó a Newton a estudiar la segunda venida de Cristo. Su preocupación por el futuro lo condujo a las 70 semanas de Daniel 9. El, como muchos dispensacionalistas de hoy, asignaba la última semana a un futuro indeterminado cuando comenzaría el regreso de los judíos y la reconstrucción de Jerusalén, y que culminaría con la gloriosa segunda venida de Cristo.

Esta interpretación, por supuesto, es contraria a las creencias de los adventistas. Sin embargo, algunos de los principios de interpretación de Newton están en armonía con los nuestros. Por ejemplo, considera la interpretación que daba Newton a los símbolos:
“Los vientos tempestuosos, o el movimiento de las nubes [representa] guerras;... La lluvia, si no es inmoderada, y el rocío, y el agua corriente [representan] las gracias y las doctrinas del Espíritu; y la falta de lluvia, la esterilidad espiritual. En la tierra, la tierra seca y las aguas congregadas, como un mar, un río, una inundación, están en lugar de la gente de diversas regiones, naciones, y dominios... Y varios animales como un león, un oso, un leopardo, y un macho cabrío, de acuerdo con sus características, están en lugar de varios reinos y cuerpos políticos... Un gobernante está representado por alguien que cabalga en una bestia; un guerrero o un conquistador, por una espada y un arco; un hombre poderoso, por su estatura gigantesca; un juez, por una balanza y pesas;... honor y gloria, por una vestimenta espléndida; dignidad real, por ropaje de púrpura o escarlata, o por una corona; la justicia, por vestimentas blancas y limpias; la maldad, por ropa manchada y sucia”.10

En la interpretación de las profecías relacionadas con el tiempo, Newton sostenía que “los días de Daniel son años”.11 El aplicó este principio a las 70 semanas12 y a los “tres tiempos y medio” de apostasía. Newton aclara que el “día profético” es “un año solar”, y que un “tiempo” en la profecía también es equivalente a un año solar. “Y los tiempos y las leyes fueron desde entonces dados en su mano por un tiempo, tiempos y el medio de un tiempo, o tres tiempos y medio; es decir, por 1260 años solares, considerando un tiempo como un año calendario de 360 días, y un día por un año solar”.13

Conclusión

Newton fue extremadamente cauto en sus creencias religiosas. Esto puede explicar, en parte, por qué no publicó sus obras teológicas durante su vida. Tal vez, consciente del ambiente religioso inglés, no quería ser acusado de herejía, sino que buscó con afán la verdad como la encontraba en la Biblia. Afortunadamente, sus obras teológicas fueron publicadas después de su muerte.

Como adventistas, podremos no estar de acuerdo con Newton en todas sus interpretaciones de la profecía bíblica, pero podemos beneficiarnos con sus obras teológicas y su metodología cuidadosa a fin de mantenernos firmes en la fe, aun cuando sigamos estudios científicos. El fue un verdadero gigante de la ciencia que no se avergonzaba de su fe, sino que, por el contrario, dedicó tiempo para entender la Palabra de Dios, tanto cuando predice los movimientos de la historia, como cuando proporciona orientación para ordenar la vida personal de cada uno.


Fuente: Dialogo Universitario / "Isaac Newton: hombre de ciencia y teólogo"
Autor: Ruy Carlos de Camargo Vieira (Ph.D., Universidad de Sao Paulo) es ingeniero mecánico y eléctrico; actualmente es miembro del Consejo Superior de la Agencia Espacial Brasileña. En 1971, el Dr. Vieira fundó la Sociedad Creacionista Brasileña, y comenzó la publicación de Folha Criacionista, una revista bi-anual en portugués.
Notas y referencias: 1. Ver mi Sir Isaac Newton: Adventista?, un librito publicado por la Sociedade Criacionista Brasileira. 2. Richard S. Westfall, The Life of Isaac Newton (Cambridge: University Press, 1993), p. 204. 3. Bernard Cohen, Isaac Newton: Papers & Letters on Natural Philosophy (Cambridge: Harvard University Press, 1958), p. 284. 4. Westfall, p. 301. 5. Id., p. 300. 6. Id., p. 128. 7. Isaac Newton, Observations Upon the Prophecies of Daniel and the Apocalypse of St. John, pp. 25, 26. 8. Id., p. 128. 9. Westfall, pp. 128, 129. 10. Newton, Observations, p. 18-22. 11. Id., p. 122. 12. Id., p. 130. 13. Id., pp. 113, 114.

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domingo, 23 de agosto de 2009

¿Por qué suceden cosas malas? Por Israel Banini

Reflexiones sobre la omnipotencia de Dios

Las erupciones volcánicas, los maremotos, la muerte accidental de un ser amado, las tormentas, los tornados, los huracanes, los terremotos –todos en general llegan imprevistamente–, nos hacen pensar si hay un Dios solícito sobre el trono del universo, o si el universo se le ha ido de las manos. Muchísimas personas que se ven obligadas a enfrentar el dolor, las pérdidas familiares y otras calamidades personales, levantan sus manos con angustia y dicen: “¿Es Dios omnipotente? ¿Controla Dios este mundo?”

Los sacerdotes, los escribas y los ancianos se preguntaron lo mismo durante la crucifixión de Cristo. Podemos leer sus palabras en Mateo 27:42, 43: “A otros salvó, pero a sí mismo no se puede salvar. Si es el Rey de Israel, que descienda ahora de la cruz, y creeremos en él. Confió en Dios, líbrelo ahora si le quiere…” Estaban asombrados de que Dios, un Ser con todo el poder a su disposición, no se dignara en salvar a su Hijo, de ser necesario mediante el poder de la naturaleza.

¿A qué se debe esto?

Lecciones de un encuentro deportivo

Estaba observando un encuentro de fútbol entre dos antiguos rivales africanos, el Accra Hearts of Oak y el Kumasi Ashanti Kotoko, en el Estadio Deportivo de Accra, Ghana. Con apenas cinco minutos de juego, los Hearts of Oak recibieron un gol. Su entrenador, votado como el mejor de África ese año, vio impertérrito como sus jugadores cometían falta tras falta por ignorancia, desatino o simple descuido.

Lo que noté es que el entrenador no se desesperó por ayudar a sus jugadores. En su lugar, sufrió la decepción de ver como su equipo perdía, mientras con tremenda paciencia les seguía ofreciendo todos los consejos posibles. Al hacerlo, ayudó a que el equipo se recuperara.

Dios es como ese entrenador que mira desde el costado del campo, mientras su corazón sufre al ver nuestros tropiezos, desatinos, pecados y sufrimientos. Sería fácil que corriera al campo y jugara por nosotros, pero eso sería pasar por alto las reglas del juego.

Es así que mira cómo nosotros, sus jugadores, recibimos “tarjetas amarillas” y “tarjetas rojas”. Mi hijo fallece; mi esposa está en agonía; la casa de mi hermano se incendia; suceden otras calamidades. Algunas por culpa nuestra; otras sin culpa alguna. Pero en todo momento, Dios está allí ayudándonos, aconsejándonos y guiándonos.

Si corriera al campo de juegos, estaría aceptando que se equivocó. Significaría admitir que su plan, concebido desde el principio, no fue el más adecuado. Nuestro Dios no es un entrometido descuidado y caprichoso. En su infinita sabiduría, nos ayuda a jugar según las reglas. Pero como expresión de su omnipotencia, ha impuesto una limitación sobre sí mismo y nos ha dado libre albedrío, algo a lo que nunca renunciaría. Hay algunas cosas que él definidamente no hará sin nuestra cooperación.

Agentes humanos

Cuando Dios quiere lograr algo en este mundo, no moviliza a sus ángeles. En su lugar, hace que dos personas se unan, no por fuerza, sino como resultado del amor. Esas personas tienen un bebé que es David o Sansón, Abraham o Noé. Si quiere construir un templo, le enseña a Salomón cómo hacerlo. Y cuando desea un mundo libre, exclama desde la limitación que él mismo se impuso: “¿A quién enviaré y quién irá por nosotros?” Y hasta que decimos: “Heme aquí, envíame a mí”, este Dios omnipotente ha decidido cooperar con nosotros de tal manera que se torna, por así decirlo, incapaz de revelar plenamente su naturaleza o de cumplir sus propósitos.

Dios puede expresar su tremendo poder en la catarata de agua, en el viento destructor, en la tormenta furiosa, en el relámpago que enceguece. Puede brindar suficiente agua como para satisfacer las necesidades de la humanidad. Pero no utilizará su tremendo poder para impedirnos que contaminemos el agua. El libre albedrío y los desatinos humanos han llegado a ser obstáculos que el Dios omnipotente se pone a sí mismo. En cierto sentido, Dios es incapaz de hacer que un estudiante llegue a ser médico, si usando su libre albedrío ese estudiante se rehúsa vez tras vez a estudiar. Cada decisión es nuestra decisión; cada elección es nuestra elección.

La negativa de Dios de interferir en la libertad humana le costó el Calvario. Su poder, expresado según nuestra manera, anularía la capacidad de decisión humana, lo que a su vez frustraría el plan divino de educarnos, de ayudarnos a desarrollar el carácter.

¿Cuál es entonces el propósito de Dios? ¿Podemos tener un mundo sin pobreza, sin enfermedad, sin catástrofes, sin muerte? ¿Es posible gozar de una condición de completa felicidad y prosperidad?

La perspectiva de Dios

Siempre tenemos que hacernos la pregunta sincera: “¿Estamos cumpliendo nuestra parte del contrato que nos lleve a ser responsables y a involucrarnos en tareas útiles para el bien de la sociedad y edificación de la humanidad? ¿No somos nosotros mismos los que impedimos que exista un mundo perfecto? ¿Es posible que en el silencio de nuestra alma y aun en medio del sufrimiento, analicemos en qué nos hemos equivocado, en lugar de pensar en qué se equivocó Dios?”

Permitamos entonces que Cristo nos señale cuál es ese rincón de nuestras vidas donde nuestro corazón aún resiste a su poder, donde nuestro pecado contamina el río, donde nuestra ignorancia construye una estructura de piedra en zona de terremotos.

Si tan solo dejamos de resistirlo, Dios nos mostrará su poder así como en el día de Pentecostés, cuando “de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba” (Hech. 2:2). Si podemos hacer esto, el resultado final no será tan solo la victoria completa de Dios y una muestra de su omnipotencia, sino que los pasos que llevan a ella, que ahora parecen ser derrotas, se transformarán también en victorias. En efecto, la más grande humillación de Cristo –la cruz– es ahora el mayor símbolo de victoria del cristianismo.

Los sucesos que ahora denominamos “desastres” terminarán siendo con nuestra colaboración y más allá de lo que podemos pensar o imaginar, sucesos para la gloria de Dios. Cooperar con Dios es ayudar a cumplir sus propósitos –propósitos vastos y gloriosos que sobrepasan nuestros actuales sufrimientos, angustias, agonías y desastres, que nos abruman y hasta amenazan quebrantar nuestra fe. Finalmente, cuando su omnipotencia sea liberada y su poder se muestre ya sin ataduras, cantaremos: “¡Gloria, gloria a Dios en las alturas!”


Fuente: Adventist World
Autor: Israel Banini ha trabajado como reportero de avanzada en muchas de las operaciones de las Naciones Unidas, siendo la última de ellas la misión del organismo a Sierra Leona.

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domingo, 9 de agosto de 2009

Nuestra misión, el mundo. Por Elena G. de White

Debemos hacer la obra del que nos envió.

Las vidas de los que están conectados con Dios son fragantes en obras de amor y bondad. El dulce sabor de Cristo los rodea; la influencia que ejercen eleva y bendice a los demás. Son árboles que dan fruto. Los hombres y mujeres con semejante marca de carácter servirán a sus prójimos mediante actos de bondad y trabajo serio y sistemático.

La importancia del yo, la vanidad y el orgullo, jamás deberían interferir con la obra sagrada. Los que han sido exaltados porque pueden hacer algo en la causa de Dios, estarán en peligro de echar a perder la obra por su presunción, y arruinarán así sus propias almas.

Todos los que trabajan en la obra de Dios deberían hacer que su misión sea lo más atractiva posible, para que su comportamiento no produzca aversión por la verdad. El yo debe estar escondido en Cristo, y los que trabajan para Dios deben poseer caracteres de sabor fragante. Ahora es el momento de realizar los esfuerzos más serios. Se necesita a hombres y mujeres para trabajar en el gran campo misionero con determinación; hombres y mujeres que oren y clamen para poder sembrar la preciosa semilla de la verdad, imitando así al Redentor, el príncipe de los misioneros.

Cristo dejó los atrios celestiales; dejó su puesto de honor, y por nuestra causa se hizo pobre, para que por su pobreza fuéramos hechos ricos. Trabajó en la viña en las colinas de Galilea, y finalmente regó con su propia sangre la semilla que había sembrado. Cuando la cosecha de la tierra sea reunida en los graneros del cielo y Cristo observe a los santos redimidos, verá el trabajo de su alma y estará satisfecho.

El que da mayores talentos a los que han perfeccionado sabiamente los talentos que se les han encomendado, está listo a reconocer los servicios de sus fieles seguidores en el Amado, ya que éstos han batallado mediante su poder y gracia. Los que han procurado desarrollar y perfeccionar el carácter cristiano mediante el ejercicio de sus facultades en buenas obras y en la siembra de las semillas de la verdad junto a toda agua, cosecharán, en el mundo venidero, lo que han sembrado. La obra iniciada en esta tierra será consumada en la vida más excelsa y santa, y durará por toda la eternidad. La negación y el sacrificio del yo que se necesitan para que el corazón realice las obras de Cristo, serán superados infinitamente por la rica recompensa del eterno peso de gloria, por los gozos de una vida a la altura de la vida de Dios.

Vivir por Cristo

Ninguno debería sentirse satisfecho de salvar solamente su alma. Los que aprecian el plan de salvación, el precio infinito que se pagó por la redención del hombre, no vivirán para sí. Estarán profundamente interesados en salvar a sus prójimos, para que Cristo no haya muerto por ellos en vano.

Todo el cielo está interesado en la salvación de las almas, y todos los que participan de los beneficios celestiales sentirán una ansiedad intensa para que el interés manifestado por el cielo no sea en vano. Cooperarán en la tierra con los ángeles del cielo, al manifestar su aprecio por el valor de las almas por las que Cristo murió. Mediante sus esfuerzos sinceros y sensatos, traerán a muchos al redil de Cristo. Nadie que sea partícipe de la naturaleza divina estará indiferente ante este asunto.

El mundo es nuestro campo de trabajo. Aferrados a Dios para recibir su poder y su gracia, podemos avanzar en el camino del deber como colaboradores con el Redentor del mundo. Nuestro trabajo es esparcir la luz de la verdad y adelantar la obra de la reforma moral, a fin de elevar, ennoblecer y bendecir a la humanidad. En todo curso de acción, deberíamos aplicar los principios de Cristo en el Sermón del Monte, y confiar entonces los resultados a Dios.

El gozo del servicio

“Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento”. “Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente”.

Si Dios, Cristo y los ángeles se regocijan cuando un pecador se arrepiente y se torna obediente a Cristo, ¿no debería estar el ser humano imbuido del mismo espíritu, y trabajar por el futuro y por la eternidad con esfuerzos perseverantes para salvar no solo su alma sino las almas de los demás?

Si trabajáis en esta dirección con interés sincero como seguidores de Cristo, cumpliendo todo deber, mejorando cada oportunidad, vuestras almas se adaptarán gradualmente al molde del cristiano perfecto. El corazón ya no se mostrará indiferente e insensible. La vida espiritual no se verá disminuida. El corazón brillará con la impresión de la imagen divina, porque estará en estrecha relación con Dios. La vida entera fluirá con alegre presteza en canales de amor y simpatía por la humanidad. El yo será olvidado, y sus acciones estarán de acuerdo con Dios. Al ofrecer el agua a los demás, sus almas también serán regadas.

El río que fluye de sus almas proviene de una fuente de agua viva, y fluye hacia los demás en buenas obras, en sinceros y abnegados esfuerzos por la salvación de ellos. A fin de ser un árbol fructífero, el alma debe apoyarse y nutrirse de la Fuente de Vida, y debe estar en armonía con el Creador.

La necesidad de consagración

Todos los que son fieles obreros de Dios entregarán de buena gana sus espíritus y todas sus energías como un sacrificio para Dios. En respuesta al toque divino, el Espíritu de Dios que opera sobre el espíritu de ellos convoca las sagradas armonías del alma. Esta es la verdadera santificación, según se revela en la Palabra de Dios, y es obra de toda la vida.

La obra que el Espíritu de Dios ha comenzado sobre la tierra para perfeccionar al hombre, será coronada por la gloria en las mansiones de Dios… Los momentos que se nos otorgan son pocos. Estamos ante los umbrales mismos de la eternidad. No hay tiempo que perder. Cada momento es sagrado y muy precioso como para ser dedicado meramente en beneficio propio.

¿Quién buscará a Dios con sinceridad, y tomará de él la fuerza y la gracia para ser su fiel obrero en el campo misionero? Los esfuerzos individuales son esenciales para el éxito de esta empresa.


Fuente: AdventistWorld.com / Este artículo es un fragmento del que apareció en la Adventist Review and Sabbath Herald, ahora llamada Revista Adventista, el 2 de enero de 1879
Autor: Elena G. de White, los adventistas creemos que ella ejerció el don bíblico de profecía durante más de setenta años de ministerio público.

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lunes, 20 de julio de 2009

Mucho más, mejor y más alto. Por Ekkehardt Mueller

Reflexiones sobre la superioridad de Cristo
Más, mejor, más alto y más rápido: ese el lema de nuestra época. Más dinero, más vacaciones, más lujo. ¿Ha visto en algunos hogares las decoraciones navideñas cada año más elaboradas? Necesitamos más regalos, mejores regalos, herramientas más veloces.

“Mucho más, mejor y más rápido” puede ser una frase necesaria para mantenernos concentrados en objetivos específicos. Por otra parte, sin embargo, puede hacer que terminemos en una alocada carrera hacia ninguna parte. Existe un peligro adicional: tarde o temprano, si tenemos éxito, podemos sentirnos superiores a los demás y tornarnos arrogantes y orgullosos. Esto me recuerda a ese inteligente hombre de negocios que culminaba su presentación diciendo: “Déjeme mostrarle algo que sus vecinos dijeron que no podían comprar por falta de dinero”.

Así como nosotros

Escuché el relato de dos patos y una rana que vivían muy felices en el estanque de la granja. Los tres eran muy buenos amigos y se entretenían jugando en el agua. Sin embargo, al llegar los calurosos días de verano, el estanque comenzó a secarse y pronto se hizo evidente que tendrían que mudarse. Para los patos ese no era un problema, pero la rana no podía salir por sus propios medios. Para ayudarla, idearon un plan ingenioso; tomarían ambos extremos de un palito con sus picos y la rana podría colgar del medio sosteniéndose con la boca hasta que la llevaran volando a otro estanque. El plan funcionó; pero mientras volaban, un granjero miró admirado y exclamó: “¡Qué idea tan inteligente! ¿A quién se le habrá ocurrido?”

La rana abrió su boca y dijo: “A mí. . . .” Y ese fue el fin trágico de la rana.

Todos sufrimos de un ego exagerado y de la exaltación egoísta, pero solo Uno es superior a todos. Y de eso nos habla el libro de Hebreos: el tema de la superioridad. Allí encontramos que lo bueno fue superado por lo mejor. Y lo mejor tiene un nombre: Jesús nuestro Señor.

La superioridad de Cristo

En Hebreos 1, Jesús es descrito definidamente superior a los ángeles. Hebreos 3 presenta a Jesús como superior a Moisés, uno de los más grandes líderes y administradores de todos los tiempos; uno de los profetas más importantes, que disfrutó de privilegios que ningún otro humano conoció, como estar cara a cara con Dios. En Hebreos 4, Jesús es superior a Josué. Y en el capítulo 5, es superior a Aarón.

En Hebreos 7, Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo (y símbolo de Cristo), aparece como superior a Abraham. Lo que coloca el sacerdocio de Cristo, por sobre el sacerdocio levítico. Cristo es el verdadero sumo sacerdote, “santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos” (7:26).

Jesús: más exaltado, mejor, más excelso.

Según Hebreos 9:23, el santuario celestial para ser purificado requiere “mejores sacrificios” que la sangre de becerros y de machos cabríos. Era necesario el sacrificio único del Hijo, que se entregó una vez para siempre (9:25-28). Su “sangre rociada … habla mejor que la de Abel (12:24); su sacrificio, la única ofrenda eficaz, sobrepasa a todos los demás. Él es el autor de nuestra salvación.

¿Por qué es superior?

El autor de Hebreos presenta a Cristo como superior por tres razones básicas:

1. Debido a su posición. Jesús es mejor, más excelso, más exaltado, porque es el Hijo, el Creador, el Sustentador, el único Sacerdote-Rey legítimo.

2. Debido a su ministerio en el pasado. En otras palabras, es superior porque se humilló a sí mismo, se tornó humano, vivió entre nosotros, sufrió y murió por nosotros, aunque sin pecar.

Hebreos dedica casi todo un capítulo a su encarnación y humillación. Es una verdad que necesitamos recordar siempre, permitiendo que le Señor profundice nuestro amor por él.

3. Debido a lo que está haciendo hoy por nosotros y lo que hará en el futuro. Nos redimió, y por su intermedio tenemos acceso al trono de Dios con plena confianza.

Nadie ni nada más puede salvarnos. Solo Cristo puede hacerlo. Él es único y nosotros, como sus seguidores, debemos proclamar su carácter singular, sin esconderlo, para así quedar bien con el mundo. Por supuesto, deberíamos ser corteses, amables y amantes con los seguidores de otras religiones. Pero junto con Pablo, debemos predicar “a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura” (1 Cor. 1:23).

Jesús es más grande y digno de mayor gloria porque llegó a ser uno con nosotros; porque se identifica con nosotros, nos ayuda, interviene en nuestro favor y nos promete que con su reino de gloria acabará con este mundo.

Resultados del ministerio superior de Cristo

En Hebreos, se dice que los resultados del ministerio superior de Cristo por nosotros incluyen un mejor pacto (7:22; 8:6); una mejor esperanza (7:19); mejores promesas (8:6); una mejor purificación (9:13, 14); una mejor herencia (10:34); una mejor patria (11:16) y finalmente una mejor resurrección (11:35). Él ha preparado algo mejor para nosotros (11:40).

Es interesante notar que la mayoría de los resultados de la superioridad de Cristo parecen estar orientados hacia el futuro. Nuestra vida en este mundo es el preludio de la vida venidera. Aun así, este preludio es importante, porque nos brinda la oportunidad de alcanzar la vida eterna por medio de Cristo. Pero sus “mejores promesas” y su “mejor pacto” ya nos afectan en el presente. Es en esta vida que podemos tener la seguridad de la salvación. Es ahora cuando el Señor pone su ley en nuestra mente. Es ahora que nos proporciona el deseo de guardarla, de obedecerle y amarle. Jesús hace que nuestra vida actual tenga significado, y nos promete un futuro luminoso.

La superioridad de Cristo y nosotros

¿Cómo nos afecta la superioridad de Cristo?

1. Nos llama a honrar a Cristo, el único al que pertenece la gloria y la honra supremas, no solo en Navidad sino durante todo el año. Cada día, meditamos y leemos acerca de él, le abrimos nuestro corazón en oración y decidimos confiar en él. Obedecemos sus mandamientos y por su gracia seguimos los principios que gobernaron su vida en esta tierra. Nos unimos a las huestes celestiales, adorándolo e inclinándonos ante su presencia.

2. Nos llama a renunciar al orgullo y la confianza propia. En su autobiografía, Benjamín Franklin declaró: “Acaso ninguna de nuestras pasiones naturales sea tan difícil de dominar como el orgullo. . . Es posible castigarlo, ahogarlo, mortificarlo tanto como uno quiera, y aún sigue vivo. . . Aunque pudiera concebir que yo podría vencerlo por completo, probablemente entonces estaría orgulloso de mi humildad”.

Jesús no tuvo lugar para el orgullo y lo mismo debería pasar con sus seguidores. Al fin y al cabo, todo lo que somos y tenemos es un don de Dios; no hay nada de qué enorgullecernos. Si queremos gloriarnos, gloriémonos en el Señor Jesús.

3. Nos llama a renovar nuestra decisión por el maravilloso Señor y a esperar todo de él. Los héroes de la fe de Hebreos 11 nos piden que elijamos a Cristo y que nunca renunciemos a él.

¿Mucho más, mejor y más alto? Sí, tal como se encuentra en Cristo y como puede hallarse en los que, después de haber sido salvados, lo siguen estrechamente y sirven a Dios y al prójimo cada vez mejor; a los que son impulsados hacia nuevas alturas al olvidarse de sí mismos y centrarse en el Señor, no importa lo que pase.


Fuente: Adventist World
Autor: Ekkehardt Mueller (Th.D., D.Min., Andrews University). Teólogo adventista nacido en Alemania. Actualmente es director asociado del Instituto de Investigaciones Bíblicas de la Asociación General.

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lunes, 6 de julio de 2009

Su gloriosa aparıción. Por Elena G. de White

“El Señor es paciente […] no 
queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al 
arrepentimiento”. 2 Peter 3:9

Entre la primera y la segunda aparición de Cristo se verá un maravilloso contraste. Ninguna lengua humana puede representar las escenas de la segunda venida del Hijo del hombre en las nubes de los cielos. Él vendrá con su gloria y con la gloria del Padre y de los santos ángeles. Vendrá vestido de un manto de luz que ha usado desde los días de la eternidad. Los ángeles lo acompañarán. Millares de millares lo escoltarán. Se oirá el sonido de la trompeta, que llamará a los que esperan en el sepulcro. La voz de Cristo traspasará la tumba y llegará hasta los oídos de los que duermen: “Todos los que están en los sepulcros […] saldrán a resurrección de vida”.

“Serán reunidas delante de él todas las naciones”. El mismo que murió por el ser humano lo ha de juzgar en el último día; porque el Padre “todo 
el juicio dio al Hijo: […] y, además, le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del hombre”. ¡Qué 
día será ese, cuando los que rechazaron a Cristo mirarán a aquel cuyos pecados lo traspasaron! Sabrán entonces que 
él les prometía todo el cielo si tan 
solo permanecían de su lado como hijos obedientes, y que pagó un precio 
infinito por la redención de ellos, 
pero que ellos no aceptaron ser libres de la mortificante esclavitud 
del pecado […].

Escenas de la vida del Maestro

Al contemplar su gloria, en sus mentes destella el recuerdo del Hijo del hombre vestido de humanidad. Recuerdan cómo lo trataron, cómo lo rechazaron […]. Las escenas de la vida de Cristo aparecen con toda claridad ante ellos. Todo lo que hizo, todo lo que dijo, la humillación a la que descendió para salvarlos de la contaminación del pecado, se elevan ante ellos para condenarlos.

Lo contemplan mientras cabalga hacia Jerusalén, y lo ven quebrantado en agonía y en llanto sobre la ciudad impenitente que no recibió su mensaje. Su voz, que pronunció invitaciones y súplicas en tonos de tierna solicitud, parece caer una vez más sobre sus oídos. Ante ellos aparece la escena del Getsemaní, y escuchan la asombrosa oración de Cristo que dice: “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa”.

Una vez más oyen la voz de Pilato que dice: “Ningún delito hallo en este hombre”. Ven la escena vergonzosa en la sala del juicio, cuando Barrabás está de pie junto a Cristo y se les da el privilegio de elegir al culpable. Una vez más oyen las palabras de Pilato: “¿A quién queréis que os suelte: a Barrabás o a Jesús, llamado el Cristo?” Y ellos oyen la respuesta: “¡Fuera con ese; suéltanos a Barrabás!” Ante la pregunta de Pilato: “¿Qué pues, haré de Jesús, llamado el Cristo?”, se oye la respuesta: “¡Que sea crucificado!”.

Una vez más lo ven cargar el oprobio de la cruz. Oyen las ruidosas y triunfantes exclamaciones burlonas que dicen: “Si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz”. “A otros salvó, pero a sí mismo no se puede salvar”.

Lo contemplan entonces ya no en el Getsemaní, ni en la sala del juicio ni en la cruz del Calvario. Las marcas de la humillación han desaparecido, y ven ahora el rostro de Dios, ese rostro que escupieron y que los sacerdotes y gobernantes golpearon con las palmas de sus manos. Entonces les es revelada la verdad en toda su plenitud. Tienen que enfrentar la ira del Cordero, del que vino a quitar los pecados del mundo, del que siempre les había brindado su infinita ternura, benigna paciencia y amor inexplicable. Comprenden que han perdido el derecho a todas las riquezas de su gran salvación. Al contemplar a aquel que murió para quitar sus culpas, claman a las rocas y a las montañas, diciéndoles: “Caed sobre nosotros y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono y de la ira del Cordero, porque el gran día de su ira ha llegado y ¿quién podrá sostenerse en pie?”

Nuestra vida en perspectiva

Nos hallamos en medio de los peligros de los últimos días. Las escenas del conflicto se agolpan, y el día de 
días ya está sobre nosotros. ¿Estamos 
preparados? Cada acto, grande o 
pequeño, será traído a cuenta. Lo 
que aquí consideramos trivial 
aparecerá allí tal como es. Las dos blancas de la viuda recibirán su reconocimiento. La copa de agua ofrecida, la prisión visitada, los hambrientos alimentados –todos recibirán su recompensa. Y ese deber no cumplido o ese acto egoísta no será olvidado. Ante la corte que rodea al trono de Dios parecerá algo muy diferente de lo que fue cuando se llevó a cabo. Al ser colocado ante los hombres a la luz del rostro de Dios, el pecado secreto que ahora se antoja insignificante aparecerá como de extrema gravedad […].

¿Cómo está nuestro registro en los libros del cielo? ¿Hemos escogido ser partícipes con Cristo en sus sufrimientos? ¿Hemos estado aprendiendo en la escuela de Cristo sobre su mansedumbre y humildad de corazón? ¿Hemos permanecido del lado de Cristo y cargado su oprobio? ¿Hemos llevado su yugo sobre nosotros, y portado la cruz con negación del yo y con sacrificio? ¿Hemos ayudado a llevar sus cargas y cooperar con él en su obra?

Se completa el plan de salvación

Satanás ha descendido con gran poder, […] pero no es necesario que ninguno sea engañado. No lo seremos si tomamos sin reservas el lado de Cristo y lo seguimos ante la alabanza o el oprobio […]. El glorioso monumento del poder maravilloso de Dios pronto será restaurado al lugar que le corresponde. Entonces el paraíso perdido será el paraíso restaurado. El plan divino para la redención del hombre será completado. El Hijo del hombre concederá a los justos la corona de vida eterna, y ellos lo servirán “día y noche en su templo. El que está sentado sobre el trono extenderá su tienda junto a ellos. Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno, porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará y los guiará a fuentes de aguas vivas. Y Dios enjugará toda lágrima de los ojos 
de ellos”.


Fuente: AdventistWorld.com / Este artículo es un extracto del que apareció en la Advent Review and Sabbath Herald, ahora conocida como Adventist Review, del 5 de septiembre de 1899.
Autor: Elena G. de White, los adventistas creemos que ella ejerció el don bíblico de profecía durante más de setenta años de ministerio público.

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