viernes, 26 de agosto de 2011

Amadas y habilitadas / Por Mable C. Dunbar

Día Anual de Énfasis en la Prevención del Abuso 1
Introducción

Génesis 1:16 y Génesis 2: 18-24, registran la especial y sagrada creación de la humanidad. Desde el principio, el hombre y la mujer fueron hechos para gobernar y tener dominio sobre la tierra. Y dijo Dios: “¡Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza! ¡Y domine sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre el ganado y sobre todo animal que se arrastra sobre la tierra! Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó. Hombre y mujer los creó”.

Dios creó al hombre y la mujer para ser perfectos y para estar en armonía entre ellos y con Dios. El hombre y la mujer fueron creados para funcionar como sus representantes en la tierra. Debían participar equitativamente en todas las cosas: en obediencia, en bendiciones, en el gobierno y en la reproducción.

La agenda destructiva

Lucifer fue creado como querubín cubridor. Eventualmente se llenó de orgullo y deseo ser como Dios. Se dijo a sí mismo: “Subiré al cielo, en lo alto, por encima de las estrellas de Dios levantaré mi trono, en el Monte de la Reunión, al lado norte me sentaré. Sobre las altas nubes subiré, y seré semejante al Altísimo" (Isaías 14: 12-14). Convenció a muchos otros ángeles de que su causa era justa. Luego comenzó la guerra en el cielo. Satanás y sus simpatizantes fueron derrotados. Fueron arrojados del cielo. Se intensificaron su espíritu de venganza y su deseo de poder: Cuando Adán y Eva comieron del fruto prohibido, Satanás usó las tácticas del miedo, la vergüenza y la culpación para tratar de destruir la imagen de Dios en ellos. Todavía se esfuerza en destruir a la humanidad; algunos de sus métodos son la violencia doméstica y el abuso.

La violencia doméstica, conocida algunas veces como palizas, o maltrato de cónyuge, abuso por parte del cónyuge, o violencia íntima, constituye un patrón de comportamiento usado por una persona para establecer poder y control sobre otra, sin tomar en cuenta sus derechos individuales. El abuso puede ser físico, sexual, religioso, verbal, emocional, económico o psicológico; puede incluir actos o amenazas de actos. La intención del abuso es asustar, intimidar, aterrorizar, manipular, lastimar, humillar, culpar, avergonzar o lastimar.

Los hechos

La violencia doméstica es un serio problema mundial. Viola los derechos fundamentales de los seres humanos y trae casi siempre como resultado lesiones o muerte. La violencia doméstica no se limita a un solo género. Sin embargo, las mujeres son más frecuentemente las víctimas.

Mundialmente, hay varias fuerzas sociales, económicas, políticas y religiosas que ejercen en forma diferente su impacto sobre los derechos humanos de la mujer. Las mujeres pueden también experimentar violaciones a los derechos humanos que no caen en la categoría de las definiciones comúnmente aceptadas de estos cuatro tipos de violencia. Tales violaciones incluyen matrimonios forzados o a muy temprana edad, mutilación genital femenina, asesinato por honor, violencia relacionada con la dote, violación como arma de guerra, infanticidio femenino y esterilización forzada. Algunas formas de violencia pueden ser una respuesta a reglamentos o leyes gubernamentales, tales como el reglamento de un solo hijo, en China, que ha llevado al aumento del infanticidio perpetrado en niñas. 2

“Las tradiciones sociales y las creencias religiosas juegan un papel en relación con la mutilación genital y los crímenes de honor. Los efectos de los matrimonios forzados o en edad temprana, incluyen costos de salud reproductiva, un mayor riesgo de violencia doméstica y oportunidades limitadas de educación y empleo. En las culturas donde se percibe la pureza de una mujer, como concerniente al honor de toda la comunidad, se ha estado usando cada vez más la violación como táctica bélica en áreas de conflicto”. 3

La violencia familiar en contra de las mujeres ocurre tanto en los países desarrollados como en los países en vías de desarrollo. Se ha considerado por mucho tiempo como un asunto privado. Pero las estadísticas pintan un cuadro horrendo de las consecuencias sociales y de salud de la violencia contra la mujer. La violencia es una de las causas principales de muerte y discapacidad entre las mujeres de 15 a 44 años. Mundialmente, entre 40 a 70 por ciento de todas las víctimas de asesinato de mujeres lo han sido por un compañero íntimo. En el Perú, el 70 por ciento de todos los crímenes informados a la policía, implica mujeres golpeadas por sus esposos. En los Estados Unidos, cada 18 minutos es golpeada una mujer. Ciertamente, la violencia doméstica es la causa principal de daño entre las mujeres en edad reproductora en los Estados Unidos.

La mutilación genital femenina es otro horrible tipo de violencia en contra de la mujer. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, de 85 a 115 millones de niñas y mujeres han pasado por alguna forma de mutilación genital femenina y han sufrido sus adversos efectos en su salud. Se estima que más de 130 millones de niñas y mujeres que viven actualmente, han sufrido tal manipulación genital, principalmente en África y algunos países del Oriente Medio; y dos millones de niñas al año corren el riesgo de tal manipulación. Hay un consenso cada vez mayor de que la mejor manera de eliminar esas prácticas es a través de campañas educativas que enfatizan sus peligrosas consecuencias para la salud.

La violencia relacionada con la dote matrimonial y los matrimonios a edad temprana, es también una amenaza contra la vida y la salud. Los estudios indican que las demandas de la dote juegan un papel importante en casos en que las mujeres son quemadas vivas y en defunciones de mujeres, catalogadas como suicidios. En la India, un promedio de cinco mujeres al día son quemadas en disputas relacionadas con la dote matrimonial –y muchos otros casos no se llegan nunca a informar.

Los actos de violencia en contra de las mujeres en el ámbito de la comunidad, incluyen violación, asalto sexual dentro del matrimonio, acoso sexual, prostitución y tráfico sexual, pornografía y maltrato de trabajadoras emigradas.

En los Estados Unidos, las estadísticas nacionales indican que alguna mujer es violada cada seis minutos. Un informe de siete diferentes países indica que más del 60 por ciento de las víctimas de asalto sexual conocen al atacante. En Sudáfrica, cada veinte segundos se comete un crimen sexual.

Muchas mujeres se ven empujadas hacia la prostitución ya sea por sus padres, esposos o novios –o como resultado de condiciones económicas y sociales difíciles. Algunas veces son también atraídas a la prostitución por agencias para conseguir cónyuge, que les prometen encontrarles un esposo o un trabajo en un país extranjero. Como resultado, se encuentran muchas veces en situación ilegal, confinadas en prostíbulos bajo condiciones esclavizantes, en donde se les confisca su pasaporte y son abusadas físicamente.

Se estima que dos millones de mujeres quedan atrapadas cada año en la industria mundial del sexo, mientras que una cifra incontable de niñas y otras mujeres se ven forzadas a trabajar con salarios demasiados bajos. La ONU dice que no existen estadísticas precisas, pero el número de mujeres con quienes se trafica anualmente cruzando fronteras podría ser el doble si se incluyen aquellas forzadas en situaciones domésticas. El tráfico de mujeres y niñas ha alcanzado proporciones alarmantes, especialmente en los países asiáticos. Hay un tráfico anual de más de 100,000 mujeres en el sur de Asia.

Tal vez el más horrendo tipo de violencia contra la mujer, es la perpetrada, condonada, o simplemente ignorada por aquellos responsables por hacer cumplir la ley y proveer protección. Los ejemplos incluyen violencia contra mujeres en custodia, violencia contra mujeres en casos de conflicto armado y violencia contra mujeres refugiadas y desplazadas.

La violencia contra la mujer afecta a mujeres de todas las edades, etnias, razas, nacionalidades y trasfondos socioeconómicos. Algunas formas de violencia son del tipo violencia de género y son perpetradas más excesivamente contra mujeres, las cuales incluyen violencia física, asalto sexual, acoso sexual y tráfico humano. Tales tipos de violencia ocurren en muchos hogares, incluyendo hogares cristianos. No debemos nunca pensar que el abuso no puede ocurrir en hogares adventistas. Un estudio realizado en una asociación de los Estados Unidos, encuestó a 1,431 adultos –hombres y mujeres- y obtuvo resultados sorprendentes. Casi un 34 por ciento de mujeres y más de 20 por ciento de hombres declararon haber sido asaltados por un compañero íntimo.

No podemos ignorar este hecho. No podemos ignorar más este mal que quebranta el espíritu y destruye vidas. Debemos recordar que tenemos una responsabilidad, como guardas de nuestra hermana o de nuestro hermano.

El hecho real

¿Es la prevalencia y devastadores efectos de la violencia doméstica, un asunto simplemente de género? ¡No! El abuso y la violencia doméstica en sus muchas manifestaciones son evidencias de “la obra del reino de Satanás destruyendo el orden, el amor y la felicidad en las relaciones humanas… No podemos minimizar el mal al considerarlo como una vaga fuerza espiritual que preside fuera de la conducta humana. El mal es una personalidad sobrehumana: Satanás… Las acciones malas son actos de pecado. Son asaltos contra las leyes morales de Dios. Separan de Dios y de sus prójimos al obrador de maldad”.4 ¡La violencia doméstica es un asunto que tiene que ver con el pecado!

Satanás desea mantener a los hombres y mujeres culpándose, avergonzándose y atemorizándose unos a otros para evitar que se unan contra él, el verdadero enemigo de nuestra vida y nuestra alma. Nuestra lucha no es unos contra otros –hombres contra mujeres; miembros contra dirigentes; padres contra hijos. La batalla es en contra del enemigo de las almas.

La agenda de amor y poder

Debemos usar nuestros talentos para servir a Dios, para servir a otros y al mundo que nos rodea. Es esencial que enseñemos unidad y mutualidad en las relaciones y actuemos como ejemplos a seguir para las generaciones futuras.

Hombres y mujeres nos necesitamos unos a otros; y no podemos servir a Dios eficazmente con una actitud de independencia, superioridad o inferioridad hacia los demás. Debemos trabajar juntos como equipo, en consorcio mutuo. George Craig dice que “el trabajo como socios no es un principio, sino una relación entre personas que están en la misma empresa, comparten los mismos riesgos, los mismos privilegios y las mismas responsabilidades. Todo depende de la realidad de nuestra sociedad unos con otros y de cada uno con Dios”.

1 Corintios 12 dice que cada persona recibe dones espirituales para la edificación del cuerpo de la iglesia. Esos dones son dados por el Espíritu Santo, según su opción, sin discriminación de géneros. Son dados para edificar la iglesia. La iglesia recibe una bendición cuando no solamente se reconoce el papel de hombres y mujeres, sino que también se utiliza y fortalece el mismo. Cuando esto ocurre, las relaciones se fortalecen. Los matrimonios se fortalecen. Nuestras iglesias, asociaciones y comunidades se fortalecen, Fomentamos un sistema de adoración y servicio que ayudará a que cese el ciclo de violencia doméstica y abuso sexual. Ayudamos a crear un ambiente seguro, amante y de habilitación en el que todos puedan vivir y prosperar.

¿En qué forma trató Jesús a las mujeres abusadas?

Con frecuencia me pregunto cuál era la experiencia de una mujer hace dos mil años, en la presencia del Señor. ¿Qué aprendía al interactuar con él? ¿Qué veía ella en sus ojos cuando él la veía, o escuchaba en su voz cuando él le hablaba? ¿La liberaba el sonido de su voz, de sus temores asociados con su quebrantamiento, victimización, abuso, rechazo y sufrimiento? ¿Se disipaba su sensación de abandono e insuficiencia cuando él colocaba su mano sobre su hombro?

1.Las perdonó. (Lucas 7: 37-48; Marcos 14: 3-9).

Cierto día, un fariseo invitó a Jesús a cenar. Cuando una mujer que había vivido una vida pecaminosa se enteró de que Jesús estaba cenando en casa de este fariseo, compró un perfume en un vaso de alabastro. Se arrojó a sus pies llorando y comenzó a secar sus pies con sus cabellos y a derramar perfume sobre ellos. Los otros invitados estaban horrorizados, pero Jesús le dijo: “Haz amado mucho. Tus pecados te son perdonados. Tu fe te ha salvado, ve en paz”.

2. Nos las condenó, sino les tuvo misericordia. (Juan 8: 1-11)

¿Cuáles serían los pensamientos que cruzaban por la mente de Jesús y los sentimientos que inundaban su corazón el día cuando le trajeron arrastrando a una prostituta, una mujer maltratada y aterrorizada, a la cual lanzaron a sus pies? La acusaban de adulterio y sus acusadores querían que Jesús dijera lo que se debía hacer con ella. La mujer estaba aterrada. Cualquier palabra de Jesús podía significar la muerte. El silencio imperaba mientras él se inclinó a escribir algo en la arena. Cuando terminó, le preguntó: “Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Ninguno te ha condenado?” “¡Ninguno, Señor!”, contestó la mujer. Jesús la tranquilizó y le encomendó: “Tampoco yo te condeno; vete y no peques más”.

3. Les manifestó amor, comprensión y ternura. (Juan 4: 6-26)

La mujer samaritana procedía de una raza despreciada por los judíos. Además, como mujer, era considerada inferior, como todas las mujeres en esa época. Al llegar al pozo ese día, Jesús estaba esperando pacientemente para hablar con ella. Él sabía que la mujer había estado con muchos hombres y buscaba amor y seguridad. Escuchó el clamor de su corazón cuando él le dijo con ternura: “Yo soy el Mesías”. No estaba ahí para hacerla sentir culpable. Estaba ahí para mostrarle su amor, bondad y ternura, después de que ella había experimentado tanto sufrimiento y rechazo. Jesús estaba ahí para ofrecerle salvación eterna.

4. Las sanó, limpió y las hizo fuertes. (Marcos 5: 25-34; Mateo 9: 20-22).

Otra mujer acudió a él con un severo problema médico. Había estado sangrando por doce años. Seguramente había sido abandonada o rechazada por su familia. Había visto muchos médicos. Había gastado todos sus recursos. Un día se sentó en una polvorienta calle de Galilea para esperar a que Jesús pasara. Desesperada, dijo en su corazón: “Si tan solo puedo tocar el borde de su manto, seré sana”. Avanzó a empujones entre la multitud y llegó hasta él. Un toque en su manto y desaparecieron doce años de sufrimiento. Y Jesús la miró. Su mirada le hizo saber que él sabía de su sufrimiento; que entendía lo cansada que había estado. Jesús se regocijaba con ella porque había sido sanada, porque estaba limpia y porque su fortaleza se había perfeccionado en su debilidad.

Ciertamente, Jesús simpatizaba con toda la humanidad, incluyendo las mujeres. Hizo a un lado la actitud de su época, de que las mujeres eren inferiores, sin valor alguno, excepto como propiedad y fuerza laboral. A partir de esos incidentes registrados en la Biblia, podemos ver que valoraba y sigue valorando a la mujer.

¿En qué forma somos amadas y habilitadas hoy?

• Jesús nos perdona
• Jesús nos da su amor y ternura
• Jesús nos sana, nos limpia y nos hace fuertes
• Jesús no nos condena, sino nos trata con misericordia
• Jesús restaura nuestra alma y volvemos a ser completos en él
• Jesús nos levanta de la muerte espiritual.
• Jesús nos da la oportunidad de ser salvos. El camino de la salvación es el mismo para el hombre y la mujer. Cada uno es perdonado, cada uno recibe vida eterna y llega a ser un hijo o una hija en la familia de Dios (Romanos 8: 16, 17).
• Jesús nos da poder y oportunidades ilimitados. “Todo ser humano, creado a la imagen de Dios, está dotado de una facultad semejante a la del Creador” (La educación, p. 16).
• Jesús nos promete estar con nosotros: "No te dejaré ni te desampararé" (Hebreos 13:5)
• Su amor por nosotros es eterno y continúa atrayéndonos a él cuando nos extraviamos. "Con amor eterno te he amado, por eso te atraje con bondad” (Jeremías 31:3).

Conclusión

La violencia doméstica, en sus muchas manifestaciones, es un asalto contra el carácter de Dios y las normas morales. Ocurre a puertas cerradas y su resultado son almas decaídas, espíritu abatido y daños físicos, emocionales y sexuales que pueden llevar a la muerte. No es un asunto de género. Es un asunto de pecado. Es un intento de Satanás de destruir la imagen de Dios en nosotros.

Es por lo tanto imperativo que como creyentes adventistas hagamos todo lo que podamos, individual y corporativamente, para terminar con la violencia doméstica y el abuso en todas sus formas, para ayudar a las víctimas, para dirigir a los abusadores hacia agencias de servicios, para ayudar a los niños y apoyar el funcionamiento saludable de las familias en nuestras congregaciones y comunidades.

Muchas personas se han apartado de la religión por la inconsistencia que observan entre personas que creen que Jesús vino a dar libertad a los cautivos (Lucas 4:18) y la continua falta de apoyo y servicios a favor de mujeres, hombres y niños que sufren cuando la violencia doméstica muestra su horrible rostro.

Debemos continuar hablando en contra de ella tanto en nuestras conversaciones privadas como en los foros públicos. No podemos continuar negando que está ocurriendo en nuestros hogares, iglesias y comunidades. Tenemos la obligación de atender este asunto tan frecuentemente como podamos y en tantas formas como podamos. Al hacerlo, ¿cómo sabemos qué vida podríamos salvar? La siguiente historia ilustra la importancia de tener el valor de involucrarse.

“Cierta noche caminaba por una calle poco iluminada, cuando escuché gemidos que provenían de detrás de unos arbustos. Alarmado, aminoré el paso y escuché con cuidado. Me llené de pánico cuando me di cuenta que lo escuchado eran los sonidos inconfundibles de una lucha: fuertes resoplidos, forcejeo frenético y rasgadura de ropa. A solo unos cuantos metros de donde me encontraba, una mujer estaba siendo atacada.

¿Debía involucrarme? Temía por mi propia seguridad y estaba enojado conmigo mismo por tener que tomar otro camino a casa esa noche. ¿Qué tal si me convertía en otra estadística? ¿No debía simplemente correr al teléfono más próximo y llamar a la policía? Aunque parecía una eternidad, las deliberaciones en mi mente habían tomado solo segundos, pero ya para entonces los gemidos de la chica eran más débiles. Sabía que tenía que actuar rápidamente. ¿Cómo podía alejarme simplemente de ahí? No, no podía darle la espalda a esta mujer desconocida, aun a riesgo de mi propia vida.

No soy un hombre valiente, ni soy atlético. No sé de dónde saqué el valor moral y la fuerza física; pero una vez que hube decidido ayudar a la joven, me transformé totalmente. Corrí hacia los arbustos y le quité de encima al asaltante. Forcejeamos y caímos al suelo, en donde luchamos por un tiempo hasta que el atacante huyó corriendo. Jadeando fuertemente, me incorporé y me acerqué a la chica que estaba agachada, llorando detrás de un árbol. Apenas podía ver su silueta en la oscuridad, pero podía percibir que estaba en estado de choque.

No queriendo asustarla aun más, le hablé desde cierta distancia. “Todo está bien”, le dije para calmarla. “El hombre se fue. No te va a pasar nada”.

Después de una larga pausa, escuché sus palabras pronunciadas con gran asombro. “¿Eres tú, papá? Entonces, de detrás del árbol, avanzó hacia mí mi hija menor, Katherine”. 5

Al resolver arriesgar nuestra vida por otros, descubriremos el verdadero sentido del amor, el sorprendente poder y fuerza de la voluntad transformada por Cristo. Al hacer buenas obras a favor de los demás, las estaremos haciendo para nosotros mismos. Dios desea que todos trabajemos juntos para poner un alto a la violencia doméstica, al abuso en todas sus formas y al ciclo multigeneracional de violencia. Al determinar hacerlo, Dios nos dará fuerza, valor y sabiduría.

Nuestra respuesta

Mi oración es que ustedes determinen hacer todo lo que puedan para terminar con la violencia doméstica y el abuso sexual en dondequiera que se encuentren. Que reconozcan cuánto Dios ama y se preocupa por cada persona. Que busquen su poder diariamente para actuar con rectitud, para amar la misericordia y caminar humildemente con él




Fuente: Adventist Women's Ministries / General Conference of the SDA (adaptado por Ojo Adventista)
Autor: Mable C. Dunbar, Ph.D., L.P.C.., es la directora de Ministerio de la Mujer, educadora de Vida Familiar y directora del Centro de Orientación de la Asociación Upper Columbia, en los Estados Unidos. Es también presidenta y ejecutiva principal de la Red de Sanidad y Habilitación para Mujeres (antes Red Polly’s Place). Es consejera profesional con licencia, terapeuta certificada de conducta cognitiva y consejera certificada de violencia doméstica. Es autora de The truth about us: How to discover the potential God has given you [La verdad acerca de nosotras: cómo descubrir el potencial que Dios nos ha dado] y coautora de We suffered in silence [Sufrimos en silencio] y No more excuses [No más excusas].
Referencias: 1.
El 27 de agosto de 2011 / El Consejo Anual 2001 de la Conferencia General de Adventistas del Séptimo Día, VOTÓ para designar el cuarto sábado de agosto como Día de Énfasis de Prevención de Abuso e incluirlo en el Calendario anual de la Iglesia de Días Especiales y Eventos de cada año. 2. One child policy in China designated to limit population growth [Reglamento de un solo hijo, en China, diseñado para limitar el aumento de población] por Matt Rosenberg, About.com Guides 3. Advocates for human rights [Defensores de derechos humanos], 1 de febrero de 2006. 4. James y Phyllis Alsdurf, Battered into submission. Westmont, IL: InterVarsity Press, 1986, pp. 61, 62. 5. Greg O´Leary, en Small miracles, por Yitta Halberstam, Holbrook, MA: Adams Media, 1998.






1 comentario:

  1. Muy buen artículo. En mi opinión creo que en el punto 4 sería bueno poner "dos puntos" y entre comillas lo siguiente para que no se preste para una mala lectura:

    Ciertamente, Jesús simpatizaba con toda la humanidad, incluyendo las mujeres. Hizo a un lado la actitud de su época: " DE QUE LAS MUJERES ERAN INFERIORES, SIN VALOR ALGUNO, EXCEPTO COMO PROPIEDAD Y FUERZA LABORAL". A partir de esos incidentes registrados en la Biblia, podemos ver que valoraba y sigue valorando a la mujer.

    Dios los bendiga

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