jueves, 24 de setiembre de 2009

¿Cuál es la manera apropiada de adorar a Dios? Por Lilianne Doukhan

De una u otra forma, todos adoramos. Aun los incrédulos adoran, ya sea el dinero, a ídolos del deporte o la música. Fuimos creados para adorar. El hecho de que Dios haya creado a Adán y Eva en el sexto día, justamente antes del sábado, tiene un profundo significado teológico y sociológico. La intención del Creador era que en la vida humana la adoración tuviera la prioridad por sobre cualquier otra actividad. Es esta prioridad la que demanda que los seguidores de Dios no sólo adoren, sino que lo hagan correctamente. El acto y la manera de adorar no pueden darse por sentado.

¿Cuál es la manera apropiada de adoración? ¿Existe sólo una forma o un estilo correcto? ¿Han cambiado las formas de adorar con el tiempo? ¿Quién decide cuál es la manera correcta? Una vez que dejamos las opiniones y preferencias personales de lado, para hallar la respuesta debemos acudir a la Palabra de Dios.

El significado de la adoración

Las Escrituras nos presentan varios modelos de adoración. Uno de los más claros se encuentra en Isaías 6:1-8, donde el profeta relata la visión de una escena de adoración celestial. Este pasaje nos presenta un programa, inclusive una orden de adoración.

El capítulo comienza con la visión de Dios en su trono celestial y en su entorno reinan la belleza, el poder, la majestad y la reverencia. Aquí se nos enseña el por qué de nuestra adoración: es la respuesta a la presencia divina y a su llamado a adorar.

Los salmos --los textos de alabanza y adoración tradicionales de Israel-- nos muestran el cómo de la adoración: con gozo y reverencia. Esta idea se repite una y otra vez con frases tales como "Venid, aclamemos alegremente a Jehová.... Venid, adoremos y postrémonos" (Salmo 95:1, 6).

No es fácil encontrar el equilibrio entre el gozo y la reverencia en la adoración. En los servicios de culto a Dios, a menudo enfatizamos uno en desmedro del otro. Se nos hace difícil hallar la forma de combinar los dos. Nos cuesta ser reverentes y al mismo tiempo alegres. Pero eso es lo que Dios nos pide cuando le adoramos.

La Biblia también presenta la adoración como una actividad integral. Los adoradores deben acercarse a Dios con su ser entero. La adoración bíblica requiere del espíritu, la mente y los sentidos. Según Isaías 6, la adoración incluye la vista, el oído, el olfato y el tacto.

La adoración también es un acto corporativo: venimos a Dios como un grupo de creyentes. Esto implica una dimensión vertical y otra horizontal. En la adoración, a menudo interactuamos con las personas de manera limitada; sin embargo, la verdadera adoración debe acercarnos no sólo a Dios sino también a los otros creyentes. Debido a que nuestras iglesias son cada vez más multiculturales y multigeneracionales, esto representa un desafío, pues cada grupo desea expresar la adoración a su manera.

Asimismo, cuando nos reunimos a adorar, necesitamos saber a quién estamos rindiendo culto. La adoración no es para nosotros mismos. La adoración es para Dios y a Dios. Es una actividad centrada en la divinidad, totalmente enfocada en él (ver Salmo 9:1, 2). No venimos principalmente a adorar para recibir bendiciones, para aprender algo, o para estar en comunión fraterna: el propósito principal de la adoración es venir a Dios, darle gloria y hablar de sus proezas.

La adoración es, por lo tanto, una experiencia en comunidad: Dios inicia un llamado a la adoración y los adoradores le responden.

Para que haya adoración, la actividad debe ser significativa para ambas partes. Esa adoración es agradable a Dios. El Salmo 19 lo expresa con claridad: "Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti" (vers.14). Sin embargo, en nuestra adoración, ¡cuán a menudo nos esforzamos por agradar a la congregación!

Nuestros motivos determinan la manera en que planeamos y organizamos el culto de adoración. Cuando pensamos en formas de adorar, nuestra primera preocupación debe ser: "¿Será agradable a Dios?" Cuando queremos agradar a alguien, tratamos de saber cómo es la persona: "¿Qué carácter tiene? ¿Qué le gusta hacer? ¿Cómo nos trata?" Debemos hacer las mismas preguntas para saber qué cosas agradan a Dios. Las respuestas a estas preguntas nos guiarán respecto de lo que es apropiado o inapropiado en el culto de adoración.

Pero la adoración también debe ser significativa para el adorador. Es importante saber si la adoración es relevante para la congregación; es decir, si la congregación encuentra sentido en la adoración. Esto nos recuerda la importancia de los símbolos. El significado en la adoración está dado por símbolos, tales como la Santa Cena, el bautismo, la lectura de la Biblia, la oración, la música, la arquitectura, etc. Todos son "signos" que ayudan a dar significado a la adoración y deberían contribuir a que la misma sea relevante.

Ésta es una tarea difícil. Y lo es aún combinar los dos, es decir, lo apropiado con lo relevante. ¿Cómo puede nuestra adoración ser agradable a Dios, y al mismo tiempo ser significativa para la congregación? ¿Cómo combinar el elemento divino (el llamado) con el elemento humano (la respuesta) cuando adoramos?

Las formas de adorar

El servicio de adoración pertenece a toda la congregación, no sólo al pastor. Necesitamos educar a nuestras congregaciones acerca de esto, y a nuestros pastores, dirigentes del servicio de adoración y de la música. A menudo, estos últimos anhelan brindarse a la congregación con sus talentos y buenas intenciones. Los músicos, que tienen preparación específica, necesitan recordar que la adoración es algo muy especial. No consiste sólo en "hacer música". En la adoración no sólo se "interactúa" con la congregación; no sólo se "lee un texto", sino que todo esto se hace en la presencia de Dios, y para Dios.

La adoración verdadera, en su esencia y en sus formas, comienza con la reflexión, la enseñanza y el aprendizaje por parte de los participantes. Este proceso abarca la educación, el entrenamiento y preparación de mentores, dirigentes y de la congregación misma.

La adoración nos lleva a preguntarnos: ¿Prefiere Dios algún estilo o manera particular de adorar? ¿Existe algún modo mejor que otros en la manera de adorar? ¿Hay una sola forma apropiada que debe seguirse en todo el mundo? La Biblia deja en claro que no es la forma o el estilo en sí mismos lo importante para Dios. Lo que Dios busca es la condición y la actitud del adorador. La mayor expectativa es, a los ojos de Dios, «el espíritu quebrantado»; el «corazón contrito y humillado» (Salmo 51:17). A Dios no le agradan nuestros sacrificios, nuestro culto de adoración, cuando olvidamos "hacer justicia, y amar misericordia, y humillarnos ante [él]" (Miqueas 6:8).

Por lo tanto, sólo la genuina transformación del corazón garantizará una manera genuina de adoración. Cualquiera sea la forma, si no venimos con un corazón transformado, la adoración no tendrá sentido. En una entidad mundial y multicultural como lo es la Iglesia Adventista, los mismos principios deben guiar nuestra comprensión de qué es la adoración. Extraídos de la Palabra de Dios, son inmutables y eternos, independientes del tiempo y el espacio. La diferencia está en las expresiones de adoración, en el cómo adorar. Necesitamos determinar qué actitudes, en nuestra cultura, expresan mejor la reverencia. La pregunta que debemos hacernos es: "¿Será que este modo particular de expresión dentro de mi cultura será reconocido como una expresión de reverencia hacia Dios?"

Lo mismo sucede con el gozo. Existen diversas maneras de expresar gozo. Algunos saltan y gritan, otros lo expresan con tranquilidad. Más allá de una cultura particular, necesitamos descubrir la mejor manera de expresar el gozo que proviene de la adoración bíblica. ¿Qué clase de gozo debemos experimentar en el acto de adoración? ¿Hay diferencia entre el gozo que nos embarga en la adoración y el que sentimos en un encuentro deportivo o musical? El gozo de la adoración no es común, sino sumamente especial. En cierto sentido, es similar al gozo humano, pero también es diferente. El relato de Nehemías de la dedicación del muro de Jerusalén luego del exilio de Israel dice que "se regocijaron, porque Dios los había recreado con grande contentamiento" (Nehemías 12:43). Vale decir que el gozo experimentado en la adoración proviene de Dios y es el resultado de un encuentro con él, por lo que ha hecho por nosotros. Esta búsqueda del gozo divino es de suma importancia, ya que dará forma a nuestras expresiones de adoración: el comportamiento, la música, y la forma de hacer música.

La forma y el contenido van de la mano, tanto en la adoración como en todo arte. En ambos sucede que si el mensaje transmitido por la forma no concuerda con el contenido, terminaremos con expresiones artísticas o de adoración falsos. Esta idea de la expresión cultural puede ser ilustrada mediante la figura de las cañerías de agua. Aunque las cañerías sean de diversos materiales (metal, plástico, cemento), todas pueden transportar agua. De la misma manera, diferentes expresiones culturales pueden transmitir una verdad particular. Sin embargo, hay algo importante: debemos asegurarnos de que para cuando el agua nos llegue y la bebamos, sea pura y potable. Si la composición química del agua cambia, puede transformarse en veneno. Hay cañerías que pueden cambiar la naturaleza del agua. Si utilizo un caño de plomo, el agua tendrá suficiente plomo como para afectar negativamente la salud. Algo tan esencial para la vida como el agua puede ser causa de enfermedad. Si nuestra adoración de alguna manera adultera el mensaje que queremos transmitir, no representa una forma apropiada de adoración y necesitamos cambiarla. Por otro lado, si con verdad transmite el mensaje de adoración, es una adoración apropiada aunque se aleje de las formas tradicionales.

Una de las dificultades relacionadas con la adoración es que conlleva una tensión, como hemos notado, entre la dimensión divina y la humana; entre las expresiones de gozo y las de reverencia; entre lo que es apropiado y lo relevante. Es una tensión positiva ya que nos desafía constantemente a reflexionar. Esta tensión requiere que no escatimemos esfuerzos para hallar un equilibrio entre los dos factores. Esto no puede ser hecho por una persona sola; toda la congregación tiene que asegurarse de que la adoración sea agradable a Dios.

A la luz de esta tensión, cualquier discusión acerca de las formas toma una dirección nueva. El tema ya no es elegir entre estilos (que significa que algunos estilos son mejores que otros), sino elegir dentro de un estilo determinado. La adoración apropiada puede darse con múltiples estilos, y dentro de cada estilo debemos elegir aquellos elementos que transmitan con propiedad los verdaderos valores de la adoración.

Las preguntas que debemos hacernos no son: ¿Está bien aplaudir en el culto de adoración? ¿Es aceptable este estilo de música? ¿Podemos presentar dramatizaciones como parte del culto? ¿Deberíamos arrodillarnos o ponernos de pie para orar? Las formas no son ni el objetivo ni el propósito de la adoración. Son los resultados y las consecuencias de nuestra reflexión en la adoración. Aquí pueden surgir nuevos interrogantes orientadores:

- ¿Cómo podemos crear una atmósfera de santidad en la adoración? - ¿Cómo podemos hacer para que en la adoración, el adorador sea elevado hacia Dios y no hacia la música o la predicación? - ¿Cómo podemos expresar gozo y reverencia y mantener un equilibrio entre los dos? - ¿Qué expresiones de adoración pueden ayudar a la congregación a llegar a ser mejores practicantes de su fe, es decir, a hacer misericordia y justicia, que son las señales de la adoración verdadera? - ¿Cómo podemos hacer para que la adoración comunique el mensaje de Dios al mundo?

Necesitamos reaprender a adorar. El secreto para lograrlo es reaprender cómo conectarnos con Dios de manera personal. La adoración corporativa comienza a nivel personal. A medida que conocemos mejor a Dios y nos acercamos a él, a medida que aprendemos como relacionarnos con él y con nuestros semejantes, descubriremos cómo hacer para que nuestros servicios de adoración sean más significativos.


Fuente: Dialogo Universitario
Autor: Lilianne Doukhan es profesor asociado de Música en la Andrews University donde imparte clases de Musicología y Música Religiosa. Tiene un doctorado en Musicología de la Michigan State University. Realiza talleres y conferencias en todo el mundo sobre adoración, culto y la música de la iglesia.

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lunes, 7 de setiembre de 2009

Isaac Newton: hombre de ciencia, teólogo, creacionista y adventista. Por Ruy Carlos de Camargo Vieira

Era una persona insólita: distraído y generoso, sensible a la crítica y modesto. Afrontó varias crisis psicológicas y tenía dificultad en mantener buenas relaciones sociales. Sin embargo, fue uno de los extraordinarios gigantes de la historia: un físico brillante, un astrónomo y matemático eminente, y un filósofo natural.

Cuando Isaac Newton, este genio y caballero inglés murió en 1727 a la edad de 85 años, dejó una marca indeleble en cada actividad en la que participó. Conocemos sus leyes del movimiento y la teoría de la gravitación universal. Y lo conocemos a él por su contribución a la comprensión del universo. Pero raramente oímos hablar acerca de sus contribuciones a la teología cristiana. Después de un estudio minucioso de sus escritos, he llegado a la conclusión de que Newton no sólo fue un gran hombre de ciencia, sino también un gran teólogo, un verdadero creacionista y adventista.1

Mi recorrido hacia la comprensión de Newton como teólogo comenzó hace unos 45 años cuando yo mismo llegué a ser adventista, después de asistir a una serie evangelizadora sobre las fascinantes profecías bíblicas de Daniel y el Apocalipsis. En ese entonces yo estudiaba la carrera de Ingeniería en la Escuela Politécnica de la Universidad de San Pablo, Brasil.

El ambiente universitario de ningún modo favorecía al desarrollo de mi fe. Me sentía bombardeado de todas direcciones. El materialismo, las preocupaciones humanistas y una concepción científica del mundo convergían para cuestionar mi fe recién descubierta. Yo necesitaba algo para defender lo que creía que era verdadero y quería que mi defensa fuera sólida y lógica.

En mi búsqueda de publicaciones apropiadas, encontré una versión portuguesa del libro Observations Upon the Prophecies of Daniel and the Apocalypse, no en la biblioteca de la Universidad ni en una librería, sino en una venta callejera de libros. Me llevé una agradable sorpresa al encontrar que el mismo Isaac Newton a quien, como estudiante de ingeniería había encontrado en los estudios sobre óptica, mecánica, cálculo diferencial e integral y gravedad, ¡había dedicado bastante tiempo y esfuerzo a la cronología bíblica y a la interpretación de las profecías! En realidad, la Enciclopaedia Britannica incluye su Enmienda de la cronología de los reyes antiguos y Observaciones sobre las profecías de Daniel y el Apocalipsis de S. Juan entre las cinco obras más importantes de Newton; las otras son Philosophia Naturalis Principia Matematica, Opticks, y Arithmetica Universalis.

Mi descubrimiento y estudio de un Newton erudito y cristiano me condujo a entenderlo como creacionista, adventista e intérprete de las profecías.
Newton, el creacionista

Robert Boyle, un pionero en los experimentos con gases y sólido promotor del cristianismo, que había abogado por el estudio científico de la naturaleza como un deber religioso, había muerto en 1691. Su testamento disponía que se realizara una serie anual de conferencias con la intención de defender el cristianismo contra la incredulidad. Richard Bentley, clérigo y distinguido erudito de los clásicos, pronunció la primera serie de conferencias en 1692.

En preparación para sus conferencias, Bentley pidió la ayuda de Newton, quien ya era famoso por sus Principia (1687). Bentley esperaba demostrar que, de acuerdo con las leyes físicas que gobiernan el mundo natural, debiera haber sido imposible que los cuerpos celestes aparecieran sin la intervención de un agente divino.

De allí en adelante, Bentley y Newton intercambiaron una correspondencia “casi teológica”. En su primera carta a Bentley, Newton declaró: “Cuando escribí mi tratado sobre nuestro sistema, tuve mis ojos fijos en los principios que pudieron actuar considerando la creencia de la humanidad en una divinidad, y nada me resulta más gratificador que ver que resultó ser útil para este objetivo”.2

Más tarde Newton escribió: “Los momentos que los planetas tienen hoy no pudieron originarse de causas naturales aisladas, sino que les fueron impuestos por un agente inteligente”.3

Otros escritos afirman la firme creencia de Newton en un Creador, a quien él se refiere a menudo como el “Pantokrator”, el Todopoderoso “que tiene autoridad sobre todas las cosas existentes, sobre la forma del mundo natural y el curso de la historia humana”.
Newton fue muy claro en afirmar sus convicciones: “Debemos creer que hay sólo un Dios o monarca supremo a quien debemos temer, guardar sus leyes y darle honor y gloria. Debemos creer que él es el padre de quien provienen todas las cosas, y que ama a su pueblo como su padre. Debemos creer que él es el ‘Pantokrator’, Señor de todo, con poder y dominio irresistibles e ilimitados, del cual no tenemos esperanza de escapar si nos rebelamos y seguimos a otros dioses, o si transgredimos las leyes de su soberanía, y de quien podemos esperar grandes recompensas si hacemos su voluntad. Debemos creer que él es el Dios de los judíos, quien creó los cielos y la tierra y todo lo que en ellos existe, como lo expresan los Diez Mandamientos, de modo que podamos agradecerle por nuestra existencia y por todas las bendiciones de esta vida, y evitar el uso de su nombre en vano o adorar imágenes u otros dioses”.4

Newton, el adventista

A Newton también le preocupaba la restauración de la Iglesia Cristiana a su pureza apostólica. Su estudio de las profecías lo llevó a concluir que, en última instancia, la iglesia triunfará a pesar de sus fallas actuales. William Whiston, quien sucedió a Newton como profesor de Matemáticas en Cambridge y escribió The Accomplishment of Scripture Prophecies, declaró después de la muerte de Newton que “él y Samuel Clarke habían dejado de luchar por la restauración de la iglesia hacia las normas de los tiempos apostólicos primitivos porque la interpretación de Newton de las profecías los había llevado a esperar una larga era de corrupción antes de que pudiera ser efectiva”.5

Newton creía en un remanente fiel que sería testigo del fin de los tiempos. Uno de sus biógrafos escribió: “En la iglesia verdadera, a la cual señalan las profecías, Newton no quería incluir a todos los que se llaman cristianos, sino a un remanente, unas pocas personas dispersas, elegidas por Dios, personas que no son movidas por ningún interés, instrucción o poder de autoridades humanas, que son capaces de dedicarse sincera y diligentemente a la búsqueda de la verdad”. “Newton estaba lejos de identificar lo que lo rodeaba como el cristianismo apostólico verdadero. Su cronología interna había puesto el día de la trompeta final dos siglos más adelante”.6

En Daniel 2 Newton veía el desarrollo de la historia de la humanidad hasta el fin del tiempo, cuando Cristo establecería su reino. Escribió: “Y una piedra cortada no con mano, que cayó sobre los pies de la imagen, y rompió los cuatro metales en pedazos, y llegó a ser un gran monte, y llenó toda la tierra; representa que se levantará un nuevo reino, después de los cuatro, y conquistará a todas aquellas naciones, y crecerá hasta ser muy grande, y durará hasta el fin de todos los tiempos”.7

Al considerar las demás visiones de Daniel, Newton aclara que después del cuarto reino sobre la tierra vendría la segunda venida de Cristo y el establecimiento de su reino eterno: “La profecía del Hijo del hombre que viene en las nubes de los cielos se relaciona con la segunda venida de Cristo”.8

Newton, el intérprete de las profecías

Newton no estaba satisfecho con la interpretación de las profecías de su época. Sostenía que los intérpretes no “tenían métodos previos... Distorsionaban parte de las profecías, sacándolas de su orden natural según sus propias conveniencias”.9

En armonía con su enfoque de los problemas científicos, Newton estableció normas para la interpretación profética, con una codificación del lenguaje profético que tenía como intención eliminar la posibilidad de distorsiones “a la conveniencia de uno”, y adoptó el criterio de permitir que la Escritura revele y explique la Escritura.

De este modo, la interpretación de Newton difería de la interpretación de la mayoría de sus contemporáneos. El no estaba interesado en el uso de la profecía para explicar la historia política de Inglaterra, como lo hacían otros, sino más bien se centraba en el estudio del comienzo de la gran apostasía que ocurrió en la iglesia y en la restauración final de la iglesia a su pureza original.

Este interés en la restauración de la iglesia a su pureza apostólica llevó a Newton a estudiar la segunda venida de Cristo. Su preocupación por el futuro lo condujo a las 70 semanas de Daniel 9. El, como muchos dispensacionalistas de hoy, asignaba la última semana a un futuro indeterminado cuando comenzaría el regreso de los judíos y la reconstrucción de Jerusalén, y que culminaría con la gloriosa segunda venida de Cristo.

Esta interpretación, por supuesto, es contraria a las creencias de los adventistas. Sin embargo, algunos de los principios de interpretación de Newton están en armonía con los nuestros. Por ejemplo, considera la interpretación que daba Newton a los símbolos:
“Los vientos tempestuosos, o el movimiento de las nubes [representa] guerras;... La lluvia, si no es inmoderada, y el rocío, y el agua corriente [representan] las gracias y las doctrinas del Espíritu; y la falta de lluvia, la esterilidad espiritual. En la tierra, la tierra seca y las aguas congregadas, como un mar, un río, una inundación, están en lugar de la gente de diversas regiones, naciones, y dominios... Y varios animales como un león, un oso, un leopardo, y un macho cabrío, de acuerdo con sus características, están en lugar de varios reinos y cuerpos políticos... Un gobernante está representado por alguien que cabalga en una bestia; un guerrero o un conquistador, por una espada y un arco; un hombre poderoso, por su estatura gigantesca; un juez, por una balanza y pesas;... honor y gloria, por una vestimenta espléndida; dignidad real, por ropaje de púrpura o escarlata, o por una corona; la justicia, por vestimentas blancas y limpias; la maldad, por ropa manchada y sucia”.10

En la interpretación de las profecías relacionadas con el tiempo, Newton sostenía que “los días de Daniel son años”.11 El aplicó este principio a las 70 semanas12 y a los “tres tiempos y medio” de apostasía. Newton aclara que el “día profético” es “un año solar”, y que un “tiempo” en la profecía también es equivalente a un año solar. “Y los tiempos y las leyes fueron desde entonces dados en su mano por un tiempo, tiempos y el medio de un tiempo, o tres tiempos y medio; es decir, por 1260 años solares, considerando un tiempo como un año calendario de 360 días, y un día por un año solar”.13

Conclusión

Newton fue extremadamente cauto en sus creencias religiosas. Esto puede explicar, en parte, por qué no publicó sus obras teológicas durante su vida. Tal vez, consciente del ambiente religioso inglés, no quería ser acusado de herejía, sino que buscó con afán la verdad como la encontraba en la Biblia. Afortunadamente, sus obras teológicas fueron publicadas después de su muerte.

Como adventistas, podremos no estar de acuerdo con Newton en todas sus interpretaciones de la profecía bíblica, pero podemos beneficiarnos con sus obras teológicas y su metodología cuidadosa a fin de mantenernos firmes en la fe, aun cuando sigamos estudios científicos. El fue un verdadero gigante de la ciencia que no se avergonzaba de su fe, sino que, por el contrario, dedicó tiempo para entender la Palabra de Dios, tanto cuando predice los movimientos de la historia, como cuando proporciona orientación para ordenar la vida personal de cada uno.


Fuente: Dialogo Universitario / "Isaac Newton: hombre de ciencia y teólogo"
Autor: Ruy Carlos de Camargo Vieira (Ph.D., Universidad de Sao Paulo) es ingeniero mecánico y eléctrico; actualmente es miembro del Consejo Superior de la Agencia Espacial Brasileña. En 1971, el Dr. Vieira fundó la Sociedad Creacionista Brasileña, y comenzó la publicación de Folha Criacionista, una revista bi-anual en portugués.
Notas y referencias: 1. Ver mi Sir Isaac Newton: Adventista?, un librito publicado por la Sociedade Criacionista Brasileira. 2. Richard S. Westfall, The Life of Isaac Newton (Cambridge: University Press, 1993), p. 204. 3. Bernard Cohen, Isaac Newton: Papers & Letters on Natural Philosophy (Cambridge: Harvard University Press, 1958), p. 284. 4. Westfall, p. 301. 5. Id., p. 300. 6. Id., p. 128. 7. Isaac Newton, Observations Upon the Prophecies of Daniel and the Apocalypse of St. John, pp. 25, 26. 8. Id., p. 128. 9. Westfall, pp. 128, 129. 10. Newton, Observations, p. 18-22. 11. Id., p. 122. 12. Id., p. 130. 13. Id., pp. 113, 114.

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domingo, 23 de agosto de 2009

¿Por qué suceden cosas malas? Por Israel Banini

Reflexiones sobre la omnipotencia de Dios

Las erupciones volcánicas, los maremotos, la muerte accidental de un ser amado, las tormentas, los tornados, los huracanes, los terremotos –todos en general llegan imprevistamente–, nos hacen pensar si hay un Dios solícito sobre el trono del universo, o si el universo se le ha ido de las manos. Muchísimas personas que se ven obligadas a enfrentar el dolor, las pérdidas familiares y otras calamidades personales, levantan sus manos con angustia y dicen: “¿Es Dios omnipotente? ¿Controla Dios este mundo?”

Los sacerdotes, los escribas y los ancianos se preguntaron lo mismo durante la crucifixión de Cristo. Podemos leer sus palabras en Mateo 27:42, 43: “A otros salvó, pero a sí mismo no se puede salvar. Si es el Rey de Israel, que descienda ahora de la cruz, y creeremos en él. Confió en Dios, líbrelo ahora si le quiere…” Estaban asombrados de que Dios, un Ser con todo el poder a su disposición, no se dignara en salvar a su Hijo, de ser necesario mediante el poder de la naturaleza.

¿A qué se debe esto?

Lecciones de un encuentro deportivo

Estaba observando un encuentro de fútbol entre dos antiguos rivales africanos, el Accra Hearts of Oak y el Kumasi Ashanti Kotoko, en el Estadio Deportivo de Accra, Ghana. Con apenas cinco minutos de juego, los Hearts of Oak recibieron un gol. Su entrenador, votado como el mejor de África ese año, vio impertérrito como sus jugadores cometían falta tras falta por ignorancia, desatino o simple descuido.

Lo que noté es que el entrenador no se desesperó por ayudar a sus jugadores. En su lugar, sufrió la decepción de ver como su equipo perdía, mientras con tremenda paciencia les seguía ofreciendo todos los consejos posibles. Al hacerlo, ayudó a que el equipo se recuperara.

Dios es como ese entrenador que mira desde el costado del campo, mientras su corazón sufre al ver nuestros tropiezos, desatinos, pecados y sufrimientos. Sería fácil que corriera al campo y jugara por nosotros, pero eso sería pasar por alto las reglas del juego.

Es así que mira cómo nosotros, sus jugadores, recibimos “tarjetas amarillas” y “tarjetas rojas”. Mi hijo fallece; mi esposa está en agonía; la casa de mi hermano se incendia; suceden otras calamidades. Algunas por culpa nuestra; otras sin culpa alguna. Pero en todo momento, Dios está allí ayudándonos, aconsejándonos y guiándonos.

Si corriera al campo de juegos, estaría aceptando que se equivocó. Significaría admitir que su plan, concebido desde el principio, no fue el más adecuado. Nuestro Dios no es un entrometido descuidado y caprichoso. En su infinita sabiduría, nos ayuda a jugar según las reglas. Pero como expresión de su omnipotencia, ha impuesto una limitación sobre sí mismo y nos ha dado libre albedrío, algo a lo que nunca renunciaría. Hay algunas cosas que él definidamente no hará sin nuestra cooperación.

Agentes humanos

Cuando Dios quiere lograr algo en este mundo, no moviliza a sus ángeles. En su lugar, hace que dos personas se unan, no por fuerza, sino como resultado del amor. Esas personas tienen un bebé que es David o Sansón, Abraham o Noé. Si quiere construir un templo, le enseña a Salomón cómo hacerlo. Y cuando desea un mundo libre, exclama desde la limitación que él mismo se impuso: “¿A quién enviaré y quién irá por nosotros?” Y hasta que decimos: “Heme aquí, envíame a mí”, este Dios omnipotente ha decidido cooperar con nosotros de tal manera que se torna, por así decirlo, incapaz de revelar plenamente su naturaleza o de cumplir sus propósitos.

Dios puede expresar su tremendo poder en la catarata de agua, en el viento destructor, en la tormenta furiosa, en el relámpago que enceguece. Puede brindar suficiente agua como para satisfacer las necesidades de la humanidad. Pero no utilizará su tremendo poder para impedirnos que contaminemos el agua. El libre albedrío y los desatinos humanos han llegado a ser obstáculos que el Dios omnipotente se pone a sí mismo. En cierto sentido, Dios es incapaz de hacer que un estudiante llegue a ser médico, si usando su libre albedrío ese estudiante se rehúsa vez tras vez a estudiar. Cada decisión es nuestra decisión; cada elección es nuestra elección.

La negativa de Dios de interferir en la libertad humana le costó el Calvario. Su poder, expresado según nuestra manera, anularía la capacidad de decisión humana, lo que a su vez frustraría el plan divino de educarnos, de ayudarnos a desarrollar el carácter.

¿Cuál es entonces el propósito de Dios? ¿Podemos tener un mundo sin pobreza, sin enfermedad, sin catástrofes, sin muerte? ¿Es posible gozar de una condición de completa felicidad y prosperidad?

La perspectiva de Dios

Siempre tenemos que hacernos la pregunta sincera: “¿Estamos cumpliendo nuestra parte del contrato que nos lleve a ser responsables y a involucrarnos en tareas útiles para el bien de la sociedad y edificación de la humanidad? ¿No somos nosotros mismos los que impedimos que exista un mundo perfecto? ¿Es posible que en el silencio de nuestra alma y aun en medio del sufrimiento, analicemos en qué nos hemos equivocado, en lugar de pensar en qué se equivocó Dios?”

Permitamos entonces que Cristo nos señale cuál es ese rincón de nuestras vidas donde nuestro corazón aún resiste a su poder, donde nuestro pecado contamina el río, donde nuestra ignorancia construye una estructura de piedra en zona de terremotos.

Si tan solo dejamos de resistirlo, Dios nos mostrará su poder así como en el día de Pentecostés, cuando “de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba” (Hech. 2:2). Si podemos hacer esto, el resultado final no será tan solo la victoria completa de Dios y una muestra de su omnipotencia, sino que los pasos que llevan a ella, que ahora parecen ser derrotas, se transformarán también en victorias. En efecto, la más grande humillación de Cristo –la cruz– es ahora el mayor símbolo de victoria del cristianismo.

Los sucesos que ahora denominamos “desastres” terminarán siendo con nuestra colaboración y más allá de lo que podemos pensar o imaginar, sucesos para la gloria de Dios. Cooperar con Dios es ayudar a cumplir sus propósitos –propósitos vastos y gloriosos que sobrepasan nuestros actuales sufrimientos, angustias, agonías y desastres, que nos abruman y hasta amenazan quebrantar nuestra fe. Finalmente, cuando su omnipotencia sea liberada y su poder se muestre ya sin ataduras, cantaremos: “¡Gloria, gloria a Dios en las alturas!”


Fuente: Adventist World
Autor: Israel Banini ha trabajado como reportero de avanzada en muchas de las operaciones de las Naciones Unidas, siendo la última de ellas la misión del organismo a Sierra Leona.

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domingo, 9 de agosto de 2009

Nuestra misión, el mundo. Por Elena G. de White

Debemos hacer la obra del que nos envió.

Las vidas de los que están conectados con Dios son fragantes en obras de amor y bondad. El dulce sabor de Cristo los rodea; la influencia que ejercen eleva y bendice a los demás. Son árboles que dan fruto. Los hombres y mujeres con semejante marca de carácter servirán a sus prójimos mediante actos de bondad y trabajo serio y sistemático.

La importancia del yo, la vanidad y el orgullo, jamás deberían interferir con la obra sagrada. Los que han sido exaltados porque pueden hacer algo en la causa de Dios, estarán en peligro de echar a perder la obra por su presunción, y arruinarán así sus propias almas.

Todos los que trabajan en la obra de Dios deberían hacer que su misión sea lo más atractiva posible, para que su comportamiento no produzca aversión por la verdad. El yo debe estar escondido en Cristo, y los que trabajan para Dios deben poseer caracteres de sabor fragante. Ahora es el momento de realizar los esfuerzos más serios. Se necesita a hombres y mujeres para trabajar en el gran campo misionero con determinación; hombres y mujeres que oren y clamen para poder sembrar la preciosa semilla de la verdad, imitando así al Redentor, el príncipe de los misioneros.

Cristo dejó los atrios celestiales; dejó su puesto de honor, y por nuestra causa se hizo pobre, para que por su pobreza fuéramos hechos ricos. Trabajó en la viña en las colinas de Galilea, y finalmente regó con su propia sangre la semilla que había sembrado. Cuando la cosecha de la tierra sea reunida en los graneros del cielo y Cristo observe a los santos redimidos, verá el trabajo de su alma y estará satisfecho.

El que da mayores talentos a los que han perfeccionado sabiamente los talentos que se les han encomendado, está listo a reconocer los servicios de sus fieles seguidores en el Amado, ya que éstos han batallado mediante su poder y gracia. Los que han procurado desarrollar y perfeccionar el carácter cristiano mediante el ejercicio de sus facultades en buenas obras y en la siembra de las semillas de la verdad junto a toda agua, cosecharán, en el mundo venidero, lo que han sembrado. La obra iniciada en esta tierra será consumada en la vida más excelsa y santa, y durará por toda la eternidad. La negación y el sacrificio del yo que se necesitan para que el corazón realice las obras de Cristo, serán superados infinitamente por la rica recompensa del eterno peso de gloria, por los gozos de una vida a la altura de la vida de Dios.

Vivir por Cristo

Ninguno debería sentirse satisfecho de salvar solamente su alma. Los que aprecian el plan de salvación, el precio infinito que se pagó por la redención del hombre, no vivirán para sí. Estarán profundamente interesados en salvar a sus prójimos, para que Cristo no haya muerto por ellos en vano.

Todo el cielo está interesado en la salvación de las almas, y todos los que participan de los beneficios celestiales sentirán una ansiedad intensa para que el interés manifestado por el cielo no sea en vano. Cooperarán en la tierra con los ángeles del cielo, al manifestar su aprecio por el valor de las almas por las que Cristo murió. Mediante sus esfuerzos sinceros y sensatos, traerán a muchos al redil de Cristo. Nadie que sea partícipe de la naturaleza divina estará indiferente ante este asunto.

El mundo es nuestro campo de trabajo. Aferrados a Dios para recibir su poder y su gracia, podemos avanzar en el camino del deber como colaboradores con el Redentor del mundo. Nuestro trabajo es esparcir la luz de la verdad y adelantar la obra de la reforma moral, a fin de elevar, ennoblecer y bendecir a la humanidad. En todo curso de acción, deberíamos aplicar los principios de Cristo en el Sermón del Monte, y confiar entonces los resultados a Dios.

El gozo del servicio

“Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento”. “Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente”.

Si Dios, Cristo y los ángeles se regocijan cuando un pecador se arrepiente y se torna obediente a Cristo, ¿no debería estar el ser humano imbuido del mismo espíritu, y trabajar por el futuro y por la eternidad con esfuerzos perseverantes para salvar no solo su alma sino las almas de los demás?

Si trabajáis en esta dirección con interés sincero como seguidores de Cristo, cumpliendo todo deber, mejorando cada oportunidad, vuestras almas se adaptarán gradualmente al molde del cristiano perfecto. El corazón ya no se mostrará indiferente e insensible. La vida espiritual no se verá disminuida. El corazón brillará con la impresión de la imagen divina, porque estará en estrecha relación con Dios. La vida entera fluirá con alegre presteza en canales de amor y simpatía por la humanidad. El yo será olvidado, y sus acciones estarán de acuerdo con Dios. Al ofrecer el agua a los demás, sus almas también serán regadas.

El río que fluye de sus almas proviene de una fuente de agua viva, y fluye hacia los demás en buenas obras, en sinceros y abnegados esfuerzos por la salvación de ellos. A fin de ser un árbol fructífero, el alma debe apoyarse y nutrirse de la Fuente de Vida, y debe estar en armonía con el Creador.

La necesidad de consagración

Todos los que son fieles obreros de Dios entregarán de buena gana sus espíritus y todas sus energías como un sacrificio para Dios. En respuesta al toque divino, el Espíritu de Dios que opera sobre el espíritu de ellos convoca las sagradas armonías del alma. Esta es la verdadera santificación, según se revela en la Palabra de Dios, y es obra de toda la vida.

La obra que el Espíritu de Dios ha comenzado sobre la tierra para perfeccionar al hombre, será coronada por la gloria en las mansiones de Dios… Los momentos que se nos otorgan son pocos. Estamos ante los umbrales mismos de la eternidad. No hay tiempo que perder. Cada momento es sagrado y muy precioso como para ser dedicado meramente en beneficio propio.

¿Quién buscará a Dios con sinceridad, y tomará de él la fuerza y la gracia para ser su fiel obrero en el campo misionero? Los esfuerzos individuales son esenciales para el éxito de esta empresa.


Fuente: AdventistWorld.com / Este artículo es un fragmento del que apareció en la Adventist Review and Sabbath Herald, ahora llamada Revista Adventista, el 2 de enero de 1879
Autor: Elena G. de White, los adventistas creemos que ella ejerció el don bíblico de profecía durante más de setenta años de ministerio público.

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lunes, 20 de julio de 2009

Mucho más, mejor y más alto. Por Ekkehardt Mueller

Reflexiones sobre la superioridad de Cristo
Más, mejor, más alto y más rápido: ese el lema de nuestra época. Más dinero, más vacaciones, más lujo. ¿Ha visto en algunos hogares las decoraciones navideñas cada año más elaboradas? Necesitamos más regalos, mejores regalos, herramientas más veloces.

“Mucho más, mejor y más rápido” puede ser una frase necesaria para mantenernos concentrados en objetivos específicos. Por otra parte, sin embargo, puede hacer que terminemos en una alocada carrera hacia ninguna parte. Existe un peligro adicional: tarde o temprano, si tenemos éxito, podemos sentirnos superiores a los demás y tornarnos arrogantes y orgullosos. Esto me recuerda a ese inteligente hombre de negocios que culminaba su presentación diciendo: “Déjeme mostrarle algo que sus vecinos dijeron que no podían comprar por falta de dinero”.

Así como nosotros

Escuché el relato de dos patos y una rana que vivían muy felices en el estanque de la granja. Los tres eran muy buenos amigos y se entretenían jugando en el agua. Sin embargo, al llegar los calurosos días de verano, el estanque comenzó a secarse y pronto se hizo evidente que tendrían que mudarse. Para los patos ese no era un problema, pero la rana no podía salir por sus propios medios. Para ayudarla, idearon un plan ingenioso; tomarían ambos extremos de un palito con sus picos y la rana podría colgar del medio sosteniéndose con la boca hasta que la llevaran volando a otro estanque. El plan funcionó; pero mientras volaban, un granjero miró admirado y exclamó: “¡Qué idea tan inteligente! ¿A quién se le habrá ocurrido?”

La rana abrió su boca y dijo: “A mí. . . .” Y ese fue el fin trágico de la rana.

Todos sufrimos de un ego exagerado y de la exaltación egoísta, pero solo Uno es superior a todos. Y de eso nos habla el libro de Hebreos: el tema de la superioridad. Allí encontramos que lo bueno fue superado por lo mejor. Y lo mejor tiene un nombre: Jesús nuestro Señor.

La superioridad de Cristo

En Hebreos 1, Jesús es descrito definidamente superior a los ángeles. Hebreos 3 presenta a Jesús como superior a Moisés, uno de los más grandes líderes y administradores de todos los tiempos; uno de los profetas más importantes, que disfrutó de privilegios que ningún otro humano conoció, como estar cara a cara con Dios. En Hebreos 4, Jesús es superior a Josué. Y en el capítulo 5, es superior a Aarón.

En Hebreos 7, Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo (y símbolo de Cristo), aparece como superior a Abraham. Lo que coloca el sacerdocio de Cristo, por sobre el sacerdocio levítico. Cristo es el verdadero sumo sacerdote, “santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos” (7:26).

Jesús: más exaltado, mejor, más excelso.

Según Hebreos 9:23, el santuario celestial para ser purificado requiere “mejores sacrificios” que la sangre de becerros y de machos cabríos. Era necesario el sacrificio único del Hijo, que se entregó una vez para siempre (9:25-28). Su “sangre rociada … habla mejor que la de Abel (12:24); su sacrificio, la única ofrenda eficaz, sobrepasa a todos los demás. Él es el autor de nuestra salvación.

¿Por qué es superior?

El autor de Hebreos presenta a Cristo como superior por tres razones básicas:

1. Debido a su posición. Jesús es mejor, más excelso, más exaltado, porque es el Hijo, el Creador, el Sustentador, el único Sacerdote-Rey legítimo.

2. Debido a su ministerio en el pasado. En otras palabras, es superior porque se humilló a sí mismo, se tornó humano, vivió entre nosotros, sufrió y murió por nosotros, aunque sin pecar.

Hebreos dedica casi todo un capítulo a su encarnación y humillación. Es una verdad que necesitamos recordar siempre, permitiendo que le Señor profundice nuestro amor por él.

3. Debido a lo que está haciendo hoy por nosotros y lo que hará en el futuro. Nos redimió, y por su intermedio tenemos acceso al trono de Dios con plena confianza.

Nadie ni nada más puede salvarnos. Solo Cristo puede hacerlo. Él es único y nosotros, como sus seguidores, debemos proclamar su carácter singular, sin esconderlo, para así quedar bien con el mundo. Por supuesto, deberíamos ser corteses, amables y amantes con los seguidores de otras religiones. Pero junto con Pablo, debemos predicar “a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura” (1 Cor. 1:23).

Jesús es más grande y digno de mayor gloria porque llegó a ser uno con nosotros; porque se identifica con nosotros, nos ayuda, interviene en nuestro favor y nos promete que con su reino de gloria acabará con este mundo.

Resultados del ministerio superior de Cristo

En Hebreos, se dice que los resultados del ministerio superior de Cristo por nosotros incluyen un mejor pacto (7:22; 8:6); una mejor esperanza (7:19); mejores promesas (8:6); una mejor purificación (9:13, 14); una mejor herencia (10:34); una mejor patria (11:16) y finalmente una mejor resurrección (11:35). Él ha preparado algo mejor para nosotros (11:40).

Es interesante notar que la mayoría de los resultados de la superioridad de Cristo parecen estar orientados hacia el futuro. Nuestra vida en este mundo es el preludio de la vida venidera. Aun así, este preludio es importante, porque nos brinda la oportunidad de alcanzar la vida eterna por medio de Cristo. Pero sus “mejores promesas” y su “mejor pacto” ya nos afectan en el presente. Es en esta vida que podemos tener la seguridad de la salvación. Es ahora cuando el Señor pone su ley en nuestra mente. Es ahora que nos proporciona el deseo de guardarla, de obedecerle y amarle. Jesús hace que nuestra vida actual tenga significado, y nos promete un futuro luminoso.

La superioridad de Cristo y nosotros

¿Cómo nos afecta la superioridad de Cristo?

1. Nos llama a honrar a Cristo, el único al que pertenece la gloria y la honra supremas, no solo en Navidad sino durante todo el año. Cada día, meditamos y leemos acerca de él, le abrimos nuestro corazón en oración y decidimos confiar en él. Obedecemos sus mandamientos y por su gracia seguimos los principios que gobernaron su vida en esta tierra. Nos unimos a las huestes celestiales, adorándolo e inclinándonos ante su presencia.

2. Nos llama a renunciar al orgullo y la confianza propia. En su autobiografía, Benjamín Franklin declaró: “Acaso ninguna de nuestras pasiones naturales sea tan difícil de dominar como el orgullo. . . Es posible castigarlo, ahogarlo, mortificarlo tanto como uno quiera, y aún sigue vivo. . . Aunque pudiera concebir que yo podría vencerlo por completo, probablemente entonces estaría orgulloso de mi humildad”.

Jesús no tuvo lugar para el orgullo y lo mismo debería pasar con sus seguidores. Al fin y al cabo, todo lo que somos y tenemos es un don de Dios; no hay nada de qué enorgullecernos. Si queremos gloriarnos, gloriémonos en el Señor Jesús.

3. Nos llama a renovar nuestra decisión por el maravilloso Señor y a esperar todo de él. Los héroes de la fe de Hebreos 11 nos piden que elijamos a Cristo y que nunca renunciemos a él.

¿Mucho más, mejor y más alto? Sí, tal como se encuentra en Cristo y como puede hallarse en los que, después de haber sido salvados, lo siguen estrechamente y sirven a Dios y al prójimo cada vez mejor; a los que son impulsados hacia nuevas alturas al olvidarse de sí mismos y centrarse en el Señor, no importa lo que pase.


Fuente: Adventist World
Autor: Ekkehardt Mueller (Th.D., D.Min., Andrews University). Teólogo adventista nacido en Alemania. Actualmente es director asociado del Instituto de Investigaciones Bíblicas de la Asociación General.

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lunes, 6 de julio de 2009

Su gloriosa aparıción. Por Elena G. de White

“El Señor es paciente […] no 
queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al 
arrepentimiento”. 2 Peter 3:9

Entre la primera y la segunda aparición de Cristo se verá un maravilloso contraste. Ninguna lengua humana puede representar las escenas de la segunda venida del Hijo del hombre en las nubes de los cielos. Él vendrá con su gloria y con la gloria del Padre y de los santos ángeles. Vendrá vestido de un manto de luz que ha usado desde los días de la eternidad. Los ángeles lo acompañarán. Millares de millares lo escoltarán. Se oirá el sonido de la trompeta, que llamará a los que esperan en el sepulcro. La voz de Cristo traspasará la tumba y llegará hasta los oídos de los que duermen: “Todos los que están en los sepulcros […] saldrán a resurrección de vida”.

“Serán reunidas delante de él todas las naciones”. El mismo que murió por el ser humano lo ha de juzgar en el último día; porque el Padre “todo 
el juicio dio al Hijo: […] y, además, le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del hombre”. ¡Qué 
día será ese, cuando los que rechazaron a Cristo mirarán a aquel cuyos pecados lo traspasaron! Sabrán entonces que 
él les prometía todo el cielo si tan 
solo permanecían de su lado como hijos obedientes, y que pagó un precio 
infinito por la redención de ellos, 
pero que ellos no aceptaron ser libres de la mortificante esclavitud 
del pecado […].

Escenas de la vida del Maestro

Al contemplar su gloria, en sus mentes destella el recuerdo del Hijo del hombre vestido de humanidad. Recuerdan cómo lo trataron, cómo lo rechazaron […]. Las escenas de la vida de Cristo aparecen con toda claridad ante ellos. Todo lo que hizo, todo lo que dijo, la humillación a la que descendió para salvarlos de la contaminación del pecado, se elevan ante ellos para condenarlos.

Lo contemplan mientras cabalga hacia Jerusalén, y lo ven quebrantado en agonía y en llanto sobre la ciudad impenitente que no recibió su mensaje. Su voz, que pronunció invitaciones y súplicas en tonos de tierna solicitud, parece caer una vez más sobre sus oídos. Ante ellos aparece la escena del Getsemaní, y escuchan la asombrosa oración de Cristo que dice: “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa”.

Una vez más oyen la voz de Pilato que dice: “Ningún delito hallo en este hombre”. Ven la escena vergonzosa en la sala del juicio, cuando Barrabás está de pie junto a Cristo y se les da el privilegio de elegir al culpable. Una vez más oyen las palabras de Pilato: “¿A quién queréis que os suelte: a Barrabás o a Jesús, llamado el Cristo?” Y ellos oyen la respuesta: “¡Fuera con ese; suéltanos a Barrabás!” Ante la pregunta de Pilato: “¿Qué pues, haré de Jesús, llamado el Cristo?”, se oye la respuesta: “¡Que sea crucificado!”.

Una vez más lo ven cargar el oprobio de la cruz. Oyen las ruidosas y triunfantes exclamaciones burlonas que dicen: “Si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz”. “A otros salvó, pero a sí mismo no se puede salvar”.

Lo contemplan entonces ya no en el Getsemaní, ni en la sala del juicio ni en la cruz del Calvario. Las marcas de la humillación han desaparecido, y ven ahora el rostro de Dios, ese rostro que escupieron y que los sacerdotes y gobernantes golpearon con las palmas de sus manos. Entonces les es revelada la verdad en toda su plenitud. Tienen que enfrentar la ira del Cordero, del que vino a quitar los pecados del mundo, del que siempre les había brindado su infinita ternura, benigna paciencia y amor inexplicable. Comprenden que han perdido el derecho a todas las riquezas de su gran salvación. Al contemplar a aquel que murió para quitar sus culpas, claman a las rocas y a las montañas, diciéndoles: “Caed sobre nosotros y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono y de la ira del Cordero, porque el gran día de su ira ha llegado y ¿quién podrá sostenerse en pie?”

Nuestra vida en perspectiva

Nos hallamos en medio de los peligros de los últimos días. Las escenas del conflicto se agolpan, y el día de 
días ya está sobre nosotros. ¿Estamos 
preparados? Cada acto, grande o 
pequeño, será traído a cuenta. Lo 
que aquí consideramos trivial 
aparecerá allí tal como es. Las dos blancas de la viuda recibirán su reconocimiento. La copa de agua ofrecida, la prisión visitada, los hambrientos alimentados –todos recibirán su recompensa. Y ese deber no cumplido o ese acto egoísta no será olvidado. Ante la corte que rodea al trono de Dios parecerá algo muy diferente de lo que fue cuando se llevó a cabo. Al ser colocado ante los hombres a la luz del rostro de Dios, el pecado secreto que ahora se antoja insignificante aparecerá como de extrema gravedad […].

¿Cómo está nuestro registro en los libros del cielo? ¿Hemos escogido ser partícipes con Cristo en sus sufrimientos? ¿Hemos estado aprendiendo en la escuela de Cristo sobre su mansedumbre y humildad de corazón? ¿Hemos permanecido del lado de Cristo y cargado su oprobio? ¿Hemos llevado su yugo sobre nosotros, y portado la cruz con negación del yo y con sacrificio? ¿Hemos ayudado a llevar sus cargas y cooperar con él en su obra?

Se completa el plan de salvación

Satanás ha descendido con gran poder, […] pero no es necesario que ninguno sea engañado. No lo seremos si tomamos sin reservas el lado de Cristo y lo seguimos ante la alabanza o el oprobio […]. El glorioso monumento del poder maravilloso de Dios pronto será restaurado al lugar que le corresponde. Entonces el paraíso perdido será el paraíso restaurado. El plan divino para la redención del hombre será completado. El Hijo del hombre concederá a los justos la corona de vida eterna, y ellos lo servirán “día y noche en su templo. El que está sentado sobre el trono extenderá su tienda junto a ellos. Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno, porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará y los guiará a fuentes de aguas vivas. Y Dios enjugará toda lágrima de los ojos 
de ellos”.


Fuente: AdventistWorld.com / Este artículo es un extracto del que apareció en la Advent Review and Sabbath Herald, ahora conocida como Adventist Review, del 5 de septiembre de 1899.
Autor: Elena G. de White, los adventistas creemos que ella ejerció el don bíblico de profecía durante más de setenta años de ministerio público.

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martes, 23 de junio de 2009

El extraterrestre. Por Miguel A. Valdivia

Desde mi niñez me han interesado dos temas de lectura aparentemente distintos y desconectados entre sí: la religión cristiana y la ciencia ficción. El primero lo descubrí gracias a la comunidad religiosa a la que asistía mi abuela. El segundo interés lo fui desarrollando a medida que devoraba la colección de libros de la biblioteca de mi pueblo natal.

Quedé fascinado con los libros de Julio Verne, el visionario francés que escribió del submarino, de islas perdidas y el viaje a la luna, incluyendo una descripción de los efectos de la falta de gravedad que fue ratificada unos cien años después con el viaje del Apolo en 1969. Luego leí varios libros de Isaac Asimov, prolífico autor que además de escribir más de 70 libros de ciencia ficción, escribió un extenso comentario de la Biblia.

He llegado a la conclusión de que los universos de la ciencia ficción y la fe cristiana convergen en varios aspectos. La trilogía de La guerra de las galaxias en la década de los 1970 incluyó varios temas interesantes del conflicto milenario entre el bien y el mal; entre estos la idea de un campeón, Obi Kenobi, que se sacrifica para salvar a la humanidad... + en ARTÍCULOS / ojo adventista, haciendo clic aquí.


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miércoles, 10 de junio de 2009

No sentimientos, sino fe. Por Elena G. de White

Los sentimientos no son una buena medida de la vida espiritual, pero la Palabra de Dios sí lo es.
Examinaos a vosotros mismos, para ver si estáis en la fe”. Al leer esto, algunas almas concienzudas comienzan a criticar inmediatamente sus sentimientos y emociones. Pero no es esta una autoevaluación correcta. No hemos de examinar los irrisorios sentimientos y emociones. La vida y el carácter solo han de ser medidos por la única norma del carácter: la santa ley de Dios. El fruto da testimonio del árbol. Nuestras obras, no nuestros sentimientos, dan testimonio de nosotros.

Los sentimientos, sean alentadores o desalentadores, no deberían constituir la prueba de la condición espiritual. Por la Palabra de Dios hemos de determinar nuestro verdadero estado ante él. Muchos se sienten desconcertados en este punto. Cuando están felices y gozosos, piensan que son aceptados por Dios. Cuando en cambio se sienten deprimidos, piensan que Dios los ha abandonado.

Recibamos la misericordia divina

Dios no mira con favor a los que con confianza propia exclaman: “Estoy santificado; soy santo; no tengo pecado”. Estos son fariseos sin fundamento para tal afirmación. Los que, como resultado de sus sentimientos de completa indignidad, apenas se atreven a elevar sus ojos al cielo, están más cerca de Dios que los que aducen ser tan piadosos. Ellos están representados por el publicano que, golpeándose el pecho, oraba: “Dios, sé propicio a mí, pecador”, y regresó a su casa justificado, a diferencia del fariseo lleno de justicia propia.

Pero Dios no desea que andemos por la vida desconfiando de él. Le debemos al Padre celestial una visión más generosa de su bondad que la que le asigna nuestra manifiesta desconfianza de su amor. Tenemos una prueba de su amor; es una prueba tal que maravilla a los ángeles y está mucho más allá de la comprensión del ser humano más sabio. “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados”. Aunque éramos pecadores, Dios dio a su hijo para morir por nosotros. ¿Podemos dudar acaso de su bondad?

Jesús hace la diferencia

Contemplad a Cristo. Descansad en su amor y misericordia. Esto hará que vuestra alma aborrezca todo lo pecaminoso y la inspirará con un deseo intenso de la justicia de Cristo. Cuanto más claramente veamos al Salvador, más claramente discerniremos nuestros defectos de carácter. Confesad vuestros pecados a Cristo, y con verdadera contrición cooperad con él dejando vuestros pecados de lado. Creed que han sido perdonados. La promesa lo afirma: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad”. Tened la seguridad de que la Palabra de Dios no fallará. Fiel es el que prometió. Es vuestro deber tanto confesar vuestros pecados como creer que Dios cumplirá su Palabra y os perdonará.

Fe en las promesas

Ejerced fe en Dios. ¡Cuántos hay que van por la vida bajo una nube de condenación! No creen en la Palabra de Dios. No tienen fe en que él hará lo que ha prometido. Muchos que anhelan ver que otros hallan descanso en el amor perdonador de Cristo no lo aceptan para sí mismos. ¿Pero cómo podrían llevar a otros a mostrar la fe simple de un niño en el Padre celestial, cuando miden el amor de Dios según sus sentimientos?

Confiemos implícitamente en la Palabra de Dios, recordando que somos sus hijos e hijas. Alistémonos para creer en su Palabra. La duda hiere el corazón de Cristo, cuando nos ha dado tantas evidencias de su amor. Dio su vida para salvarnos. Él nos dice: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas, porque mi yugo es fácil y ligera mi carga”.

¿Creéis que él cumplirá lo que ha prometido? Entonces, después de cumplir sus condiciones, abandonad ya la carga de nuestro pecado. Entregadla al Salvador. Dadle a él vuestra confianza.


Fuente: AdventistWorld.com / Este artículo es un extracto del que apareció en la Advent Review and Sabbath Herald, ahora la Adventist Review, del 21 de mayo de 1908.
Autor: Elena G. de White, los adventistas creemos que ella ejerció el don bíblico de profecía durante más de setenta años de ministerio público

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lunes, 25 de mayo de 2009

La fe y las dudas. Por Miguel Valdivia

Usted probablemente las conoce: personas que se ubican en polos opuestos cuando se trata de creer. Algunos optan por una vida sin religión; y apenas la recuerdan en los momentos de transición o en grandes dificultades. Otros se unen a grupos religiosos estrictos que esperan una entrega total del creyente. Vivimos en la era de los extremos. La gente tiende a oscilar entre no ser religiosa o serlo en gran medida. O se tiene muchas dudas o mucha fe.

Cada persona tiene una serie de creencias que filtran la información acerca del mundo que la rodea y facilita su interpretación. Algunos se refieren a esta estructura en términos de cosmovisión. Estas creencias más o menos organizadas son a su vez formadas por lo que aprendimos de nuestros padres en la niñez, en la escuela y a través de nuestra relación con la sociedad donde vivimos.

La religión y las creencias religiosas son una parte integral de nuestra cosmovisión. Otros factores importantes son nuestra nacionalidad, la conciencia social, nuestra edad, nuestra educación, etc. El momento en que vivimos y la historia que se va desarrollando a nuestro alrededor también impactan sobre lo que creemos y sentimos.

El caso es que las personas coetáneas y que viven en un ambiente social similar, desarrollan actitudes parecidas. Y aunque inicialmente no parezca así, las dudas y la fe que parecen representar polos opuestos podrían estar bastante relacionadas.

En un libro reciente, Timothy Keller, el pastor de una iglesia de 5.000 miembros en Manhattan, defiende que tanto creer como dudar requieren creer.* En otras palabras, cuando una persona tiene una duda, se debe a que ha decidido “creer” en otra cosa. Por ejemplo, la persona que razona que Dios no puede existir porque si existiera no habría maldad, ha escogido creer que Dios está obligado a eliminar toda maldad. Esto es también una creencia que requiere aceptación.

Cuando una persona dice que no cree en el cristianismo porque cada persona debe determinar lo que es bueno y lo que es malo por sí misma, está expresando que cree que la persona tiene el derecho a determinar tal cosa. Esto requiere un grado de fe, porque no se puede probar. De la misma manera que las creencias cristianas pueden despertar dudas, las dudas a su vez responden a otras creencias que también debieran despertar dudas.

En un largo diálogo con un joven científico sobre la creación y la evolución, no llegábamos a ningún acuerdo hasta que comenté casualmente: “Si la ciencia se fundamenta en el deseo de observar el universo para intentar entenderlo, ¨acaso la fe cristiana no merece escrutinio también?” El joven, que ya ha aparecido en varios programas de la televisión norteamericana como experto en Biología, se rascó la cabeza y dijo: “Tiene razón. Me siento con la responsabilidad de estudiar la Biblia y las creencias cristianas antes de rechazarlas”.

Cuando una persona ataca el cristianismo, debiera analizar cuáles son las creencias que la llevan a esto y preguntarse qué razones tiene para creer de tal manera. Para ser justos, los que no creen debieran “dudar de sus dudas”. Por otra parte, el creyente tiene que enfrentar sus propias objeciones o dudas con la misma sinceridad. La duda no es pecado, y cuando estudiamos las Escrituras lo hacemos con la convicción de que es posible conocer a Dios. Bien dijo Jesús: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí” (S. Juan 5:39).

Fuente: El Centinela
Autor: Miguel Valdivia. Director y editor de El Centinela.
Referencias: *Timothy Keller, The Reason for God [La razón a favor de Dios], (Nueva York: Dutton, 2008).

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domingo, 10 de mayo de 2009

Ovnis ¿Estamos solos en el universo? Por Marvin Moore

¿Son los ovnis extraterrestres de una galaxia lejana que tratan de invadir el planeta Tierra? El autor analiza lo que la Biblia dice acerca de este importante tema.

El 14 de junio de 1947, Mac Brazel encontró un área grande de restos de tiras de goma, papel de estaño y palos dispersos, que brillaban en la parte norte del rancho de Roswell, Nuevo México, donde él trabajaba como capataz. Informó al gobierno, y un equipo del ejército hizo la investigación. Finalmente, el gobierno emitió la declaración pública de que un globo meteorológico había caído en el predio de aquel rancho. Pero hasta el día de hoy, muchos aficionados a los ovnis insisten en que lo que permanece en esa estancia en realidad es el resultado de la caída de una nave espacial extraterrestre, con organismos extraños; pruebas todas que, según afirman, el gobierno ha estado tapando.

La mayoría de los informes de avistamientos y secuestros producidos por ovnis en los últimos sesenta años desde 1947 han sido protagonizados por individuos aislados, y los escépticos se han burlado. Sin embargo, el 13 de marzo de 1997 sucedió algo mucho más público en el cielo de Nevada, Arizona, y en el Estado mexicano de Sonora: Miles de personas testificaron haber visto luces en el cielo que viajaron hacia el sureste en un radio de unos 500 kilómetros, cubriendo aun la ciudad de Phoenix. Se informó que las luces tenían la forma de un gran triángulo. Entre los que afirman haber visto este fenómeno se encuentra el entonces gobernador de Arizona, Fife Symington.

Muchas personas tomaron fotografías del hecho, lo que hace difícil afirmar que las imágenes fueron el resultado de la manipulación digital de fotografías hechas con un propósito sensacionalista. Los análisis de las fotografías sugieren que si realmente fue un ovni, ¡se trató de uno que medía dos millas de largo! La Fuerza Aérea de los Estados Unidos informó que las luces que pasaron por Phoenix eran bengalas que se lanzaron desde aviones que estaban en una misión de entrenamiento. Los fanáticos de estos fenómenos se apresuraron a afirmar que el evento confirma que los extraterrestres están visitando nuestro planeta.

Aproximadamente en ese mismo tiempo apareció el cometa Hale-Bopp en el cielo, y algunas personas alegaron que un ovni lo fue siguiendo. Marshall Applewhite, líder de un culto llamado Heaven's Gate (Puerta del cielo), convenció a 39 miembros de su grupo a suicidarse en masa entre el 24 y 26 de marzo de 1997, con la creencia errónea de que después de la muerte serían despojados de sus cuerpos terrestres, ¡para unirse a los “extraterrestres” en un ovni!

Una cuestión fundamental es determinar si existe vida inteligente fuera de nuestro planeta. Para los amantes de los ovnis, la respuesta es sí. Si esto es correcto, y si los ovnis son reales y están manejados por extraterrestres, entonces la siguiente pregunta candente es si estos seres son hostiles o amistosos.

¿Qué dice la Biblia?

Afortunadamente, la Biblia nos proporciona una muy positiva respuesta a la pregunta de si existe vida inteligente en otros lugares del universo: Efectivamente sí existe. El más importante ser inteligente fuera de nuestro planeta es el mismo Dios, que vive en un lugar que llamamos cielo. Y, según la Biblia, una raza de seres llamados ángeles habita en el cielo con él. La Biblia también nos informa que un conflicto estalló en el cielo hace miles de años, cuando algunos de los ángeles se rebelaron contra Dios y su gobierno, y los rebeldes se vieron obligados a vivir en nuestro mundo.

Apocalipsis cuenta la historia: “Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él” (Apocalipsis 12:7-9).

La siguiente pregunta: ¿son los extraterrestres hostiles o amistosos? Según lo que acabamos de leer en Apocalipsis, la respuesta depende a qué seres nos estamos refiriendo. Todo el mundo da por supuesto que Dios y los ángeles fieles son amistosos, a la vez que es seguro decir que Satanás y los demonios son hostiles a nuestros intereses.

La cuestión de si los ovnis son reales o no depende en parte de la clase de pruebas que usamos para afirmarlo o negarlo. Si demandamos evidencias aportadas por personas que están calificadas para hacer una investigación científica, sin prejuicios (en caso de que esto sea posible), entonces la respuesta es no. Hasta la fecha ninguna de estas pruebas ha aparecido en fuentes de información confiable, como libros de renombre, o ciertas revistas o periódicos científicos. Sin embargo, si quedamos satisfechos con aceptar el testimonio de personas maduras que en su sano juicio afirman haber visto de cerca objetos voladores no identificados, entonces quizá la respuesta es sí.

¿Qué si realmente es cierto?

Si algún día un informe científico y serio concluyera que los extraterrestres son reales, entonces nos encontraríamos ante una pregunta muy importante: ¿Quién opera estos ovnis? Quienes hacen ciencia ficción dirían que son operados por extraterrestres que proceden de una lejana galaxia, que han evolucionado hasta alcanzar un desarrollo mucho mayor que el de los seres humanos. Y, según el sentido común, estos invasores alienígenas serían probablemente amistosos; a pesar del hecho de que la ciencia ficción, a fin de alimentar la imaginación conflictiva, los retrata generalmente como muy hostiles.

Sin embargo, en caso de que una invasión extraterrestre fuera documentada de tal modo que satisficiera aun al más escéptico de los escépticos, la Biblia sería la única fuente segura de información. No el sentido común ni la imaginación ni aun la propia ciencia. El mejor lugar para informarnos acerca de quiénes son los extraterrestres y si son hostiles o amistosos, es la Biblia. Y aquí está lo que la Sagrada Escritura dice de este tema.

En primer lugar, algún día habrá una invasión del planeta Tierra por extraterrestres. Antes de su partida de esta Tierra, Jesús prometió regresar con sus ángeles (ver S. Mateo 24:30, 31; S. Juan 14:1-3). Y la respuesta a la pregunta de si Jesús y sus ángeles serán hostiles o amistosos depende de quién eres y de qué lado estés en ese momento. La Biblia dice que el pueblo de Dios se regocijará, pero que los que han rechazado a Dios se aterrorizarán, y pedirán a las rocas y a las montañas que los cubra del rostro del que viene a rescatar a su pueblo (véase S. Lucas 21:28, Apocalipsis 6:15-17).

La Biblia también dice que cuando Jesús regrese, el mundo entero será sacudido por un poderoso terremoto (véase Apocalipsis 6:12-17; 16:17-20), y los ángeles levantarán a los hijos de Dios hasta el cielo para encontrarse con Jesús en el aire (ver S. Mateo 24:31; 1 Tesalonicenses 4:16, 17).

La venida de Cristo y los ovnis

Esta descripción de la segunda venida de Cristo es más pertinente, en relación con el tema de los ovnis, de lo que puede ser evidente a primera vista. Porque si alguna vez se documentara fehacientemente la llegada de ovnis a nuestro mundo, entonces estos objetos voladores serían manejados por extraterrestres que serían fieles a Dios o a Satanás. Y puesto que Dios ya ha registrado detalladamente el modo en que él y sus ángeles vendrán a la Tierra, debemos rechazar cualquier invasión extraterrestre que no coincida con la descripción dada por la Biblia.

De hecho, Jesús mismo nos advirtió al respecto. Y nos dio información con el propósito de evaluar cualquier futura invasión extraterrestre de nuestro planeta que no sea la suya: “Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos... Así que, si os dijeren: Mirad, está en el desierto, no salgáis; o mirad, está en los aposentos, no lo creáis. Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre” (S. Mateo 24:24, 26, 27).

Si los ovnis aparecen alguna vez en el cielo de nuestro planeta, y su realidad es efectivamente confirmada por las autoridades confiables y competentes, quienes creemos en la Biblia debemos negarnos a aceptarlos como amistosos. Por el contrario, debemos ser muy precavidos, porque no provienen de una galaxia distante, sino que son demonios que han estado habitando el planeta Tierra y han estado atormentando a los seres humanos desde que fueron arrojados del cielo, hace miles de años, como dice el Apocalipsis.

El director de la película Día de la Independencia —que trataba de una invasión extraterrestre— puso en boca del personaje que hacía de presidente de los Estados Unidos las siguientes palabras: “La pregunta de si estamos o no solos en el universo ha sido respondida”.

Afortunadamente, para los que creemos en la Biblia, la pregunta fue respondida hace miles de años. La verdadera segunda venida de Cristo destruirá la Tierra completa y literalmente. Apocalipsis afirma que en ocasión de la segunda venida del Señor habrá un gran terremoto (véase Apocalipsis 6:12; 16:18-20). Así, nadie lo confundirá o lo falsificará. Por lo tanto, si los ovnis aparecen realmente alguna vez en nuestro planeta, podemos estar seguros de que son de origen demoníaco. Por otra parte, si hay una invasión extraterrestre en la que los extraterrestres simulan ser Cristo y sus ángeles, entonces será una señal de que Jesús está muy cerca de volver a rescatar a sus hijos.

Jesús tomó en serio esta cuestión. Justo en el centro de su advertencia sobre los falsos cristos y falsos profetas, nos dijo: “Ya os lo he dicho antes” (S. Mateo 24:25).

¡Él realmente quiere que comprendamos esto!


Fuente: El Centinela
Autor: Marvin Moore, escritor adventista, editor de la revista "Signs of the Times". Autor de mas de 30 libros, de los cuales han sido traducidos al español, "La Gran Catastrofe', "Anticristo y Nuevo Orden Mundial", "El desafió del Tiempo Final", "Evangelio & legalismo" y "¿Será que podría pasar?". Imparte seminarios a través del ministerio "Hope for the End Time" Seminars.

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miércoles, 22 de abril de 2009

La victoria de Cristo. Por Alejandro Bullón

Pero gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. 1 Corintios 15:57.

“Pastor”, decía la carta, “no sé durante cuánto tiempo más conseguiré vencer en la lucha que enfrento desde hace varios años. No logro encontrar una señorita que me guste, porque me siento atraído por los jóvenes. ¿Qué hago?”.

Evidentemente, por el tenor de la carta, este joven nunca había cedido a la tentación. Pero lo que lo inquietaba, al punto de causarle temor, era la pregunta: “¿Por cuánto tiempo más conseguiré vencer en la lucha?”.

Vivimos en tiempos peligrosos, en los cuales se intenta justificar el pecado a viva voz, en todas sus formas.

Sin embargo, el versículo de hoy muestra la salida para cualquier problema de tendencias que el ser humano carga desde que nace. Unos de una manera, otros de otra. Y el grito del corazón humano es: “¿Hasta cuándo tendré que luchar contra mis tendencias?”.

El apóstol Pablo, en los versículos anteriores al texto que escogimos para hoy, habla del fin de la lucha cuando finalmente “esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad” (ver el vers. 53). El apóstol está describiendo la glorificación de nuestra naturaleza: la erradicación completa y definitiva de la presencia del pecado en la experiencia humana.

Pero, mientras ese día no llega, Pablo, por experiencia propia, presenta una promesa: “Gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo”.

Nadie tiene derecho a ser derrotado por las tendencias, porque Cristo preparó un medio para alcanzar la victoria. Él venció el pecado. Enfrentó las tentaciones aferrándose al poder del Padre, y nos mostró el camino de la victoria; su victoria es nuestra victoria hoy. Su victoria cubre la multitud de nuestros pecados pasados, y en el presente desea vivir sus grandes obras de victoria por la presencia del Espíritu Santo en nuestra vida.

Gracias a Dios porque, aunque no haya llegado todavía el día de la glorificación, la victoria de Cristo no es apenas una promesa, sino una realidad en la vida de quienes procuran mantener diariamente una experiencia de amor con Cristo.

Estás delante de un nuevo día. En este día habrá tentaciones como en todos los demás, pero ya eres victorioso si con fe echas mano del poder de Jesús.


Autor: Alejandro Bullón Paucar. Nació en Perú, y estudió y se graduó de Teología en el Seminario de la Unión Peruana. Trabajó diez años en su país como consejero de jóvenes, y luego fue invitado a continuar el desarrollo de dicho ministerio en el Brasil. Actualmente es evangelista de la Voz de la Esperanza. Ex secretario de la Asociación Ministerial de la División Sudamericana de los Adventistas del Séptimo Día, y evangelista para toda América del Sur. Ha escrito varios libros, tales como "Conocer a Jesús es todo", "La crisis existencial", "Tú eres mi vida" y "Vuelve a casa hijo".

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